La Laguna Setúbal (1ra. Parte)

Si el Puente Colgante es el ícono de Santa Fe construido por el hombre, la laguna Setúbal identifica a los santafesinos desde la naturaleza. Y no sólo se destaca en el paisaje local
entre los múltiples cuerpos de agua que nos rodean: para quienes trabajamos
en sistemas fluviales a escala regional, la Setúbal, junto a la laguna Coronda, sobresale por su tamaño entre las miles de lagunas que existen en la planicie inundable del Paraná Medio, advirtiendo sólo con sus dimensiones sobre un origen e historia que reúne las singularidades de lo excepcional. Un célebre limnólogo apellidado Hutchinson escribió hace décadas un tratado sobre lagos y lagunas, clasificándolas por el modo y ambiente en que se formaron. Reconoció decenas de orígenes diferentes, como las que ocupan cuencas antes excavados por el viento o por glaciares, o establecidas en valles montañosos obstruidos por avalanchas de roca. En principio, todas las lagunas del planeta son “depresiones con agua”, en las que la alimentación hídrica de lluvias, ríos y otras fuentes equilibra, y a veces excede, las pérdidas por evaporación e infiltración subterránea; pero tras esta simpleza emergen importantes diferencias físicas y eco lógicas que distinguen cada cuerpo lagunar, y que hace que especialistas de disciplinas muy diferentes converjan en el estudio de estos ambientes. En lo que sigue sintetizaremos nuestro conocimiento sobre algunas particularidades físicas de la laguna Setúbal, integrando información que va desde la fisonómica descriptiva hasta la predictiva, para lo cual es conveniente ahondar también en su historia (tanto hacia atrás, hasta dar con el origen de la “depresión con agua”).

UN POCO DE GEOGRAFíA

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La Figura 1 muestra una imagen satélite del área de la laguna y su entorno, a la cual se le superpusieron los principales topónimas, a los que se hará referencia en adelante. Para la condición hidrológica presentada en la imagen, de aguas medias-bajas en el sistema fluvial del Paraná, la laguna Setúbal se extiende en un área de 70 km2, con una profundidad bastante uniforme de alrededor de 1,5 metros; por esto, quienes
la han navegado se refieren a ella comúnmente como “un plato”.
Pero debido a su vinculación directa con el sistema del Paraná mediante el arroyo Leyes; y a los declives en general pequeños de los ambientes que la delimitan, su superficie y profundidad se incrementan considerablemente durante las crecidas del río, como se ilustra en Figura 2. Para un rango considerable de alturas hidrométricas, se conoce que las pendientes de la superficie del agua apenas varían entre 1 y 2 centímetros por kilómetro en dirección norte-sur, que es el sentido de su escurrímiento.
Los terrenos que limitan por el oeste y sureste a la Setúbal no llegan a elevarse más de 10 metros respecto de su fondo, mientras que por el sur la descarga normal de sus aguas ocurre por el río Santa Fe, cuyo lecho se encuentra entre 15 y 25 metros más bajo que el fondo lagunar, como en cercanías de los puentes Colgante
y Oroño, en la Ruta Nacional N° 168.

El límite norte se corresponde con el delta que forma el arroyo Leyes y es el más dinámico de todos: su frente de sedimentación, producido por la pérdida de velocidad y del transporte de sedimentos de las aguas que ingresan a la laguna a través de brazos
como el Potrero, Correntoso y, especialmente, el Zanja Brava, ha avanzado considerablemente en dirección a Santa Fe en los últimos tiempos, como se describirá
más adelante.
Los arroyos citados constituyen Ia principal fuente de alimentación de caudales líquidos a la laguna, con una media que supera en la actualidad los 1.500 m3/s. Otros cauces menores también originados en el Leyes drenan hacia la laguna El Capón, en el norte, que termina desaguando, al fin de cuentas, en la laguna Setúbal.
Los aportes de los arroyos Saladillo y Aguiar son insignificantes en comparación a los del Leyes, de unas pocas decenas de m3/s en conjunto, solamente. Sin embargo, estos cursos se destacan por la provisión de sales disueltas: investigadores del Inali determinaron,
hace casi 50 años, un promedio de 250 mg/I de sales en la laguna, versus 180 mg/l evaluados en el arroyo Leyes.
Por la disposición de los arroyos que distribuyen aguas y sedimento del Leyes, sabemos que su delta se desarrolló en un principio hacia el oeste, hasta alcanzar ese borde de las lagunas Setúbal y El Capón. Así, en su historia ambas lagunas formaron una sola, con
algunos islotes no deltaicos entre ambas. Los materiales geológicos de estos islotes, en la actualidad casi cubiertos por los sedimentos.

Los terrenos que limitan por el oeste y sureste a la Setúbal no llegan a elevarse más de 10 metros respecto de su fondo, mientras que por el sur la descarga normal de sus aguas ocurre por el río Santa Fe, cuyo lecho se encuentra entre 15 y 25 metros más bajo que el fondo lagunar, como en cercanías de los puentes Colgante y Oroño, en la Ruta Nacional N° 168.

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El límite norte se corresponde con el delta que forma el arroyo Leyes y es el más dinámico de todos: su frente de sedimentación, producido por la pérdida de velocidad y del transporte de sedimentos de las aguas que ingresan a la laguna a través de brazos como el Potrero, Correntoso y, especialmente, el Zanja Brava, ha avanzado considerablemente en dirección a Santa Fe en los últimos tiempos, como se describirá más adelante. Los arroyos citados constituyen Ia principal fuente de alimentación de caudales líquidos a la laguna, con una media que supera en la actualidad los 1.500 m3/s. Otros cauces menores también originados en el Leyes drenan hacia la laguna El Capón, en el norte, que termina desaguando, al fin de cuentas, en la laguna Setúbal.

Los aportes de los arroyos Saladillo y Aguiar son insignificantes en comparación a los del Leyes, de unas pocas decenas de m3/s en conjunto, solamente. Sin embargo, estos cursos se destacan por la provisión de sales disueltas: investigadores del Inali determinaron,
hace casi 50 años, un promedio de 250 mg/I de sales en la laguna, versus 180 mg/l evaluados en el arroyo Leyes.
Por la disposición de los arroyos que distribuyen aguas y sedimento del Leyes, sabemos que su delta se desarrolló en un principio hacia el oeste, hasta alcanzar ese borde de las lagunas Setúbal y El Capón. Así, en su historia ambas lagunas formaron una sola, con algunos islotes no deltaicos entre ambas. Los materiales geológicos de estos islotes, en la actualidad casi cubiertos por los sedimentos del delta, son Iguales a los que se encuentranmás hacia el norte, en la enorme depresión (de unos 8.500 km2 de superficie) drenada por el arroyo Saladillo. Precisamente, el bajo que ocu- pan las dos lagunas es la continuación hacia el sur de parte de aquella gran depresión, que fue formándose de un modo complejo hace decenas de miles de años atrás, rellenándose en distintos tiempos con sedimentos aluviales, lagunares, y aún depositados por el viento.

LA “PREHISTORIA” DEL ÁREA LAGUNAR

Un acreditado naturalista italiano que estudió nuestra zona desde temprano en el siglo pasado, el Dr. Joaquín Frenguelli, postuló que el amplio bajo drenado por el arroyo Saladillo había sido formado geológicamente por el río Paraná antes de mudarse a su posición actual, al este de la región. Nuestro conocimiento del área ha mejorado desde esos estudios iniciales, y hoy sabemos que el río excavó varías depresiones lineales con su derrotero norte-sur en distintas etapas: la Figura 3 muestra algunos de los valles formados por el sistema del Paraná al norte de la Setúbal, en su más o menos continua migración hacia el este.
Ese paisaje complejo de varios valles de diferente antigüedad, incluyendo algunos con más de cien mil años, constituye, justa- mente, el sustrato morfológico y geológico sobre el que se extienden las lagunas El Capón y Setúbal en la actualidad.
En efecto, cuando el lecho de la laguna ha sido atravesado por perforaciones o dragados, se han encontrado antiguos depósitos arenosos del río que yacen cubiertos por pocos metros de limos y arcillas más modernos. Las capas arenosas son más gruesas debajo
de unos 5 metros o más del fondo lagunar, e incluyen zonas con gravillas y restos fósiles de vertebrados extintos: mastodontes (elefantes americanos), gliptodontes; toxodontes, megatérídos, etc. (Figura 4).

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Los primeros hallazgos se hicieron a principios del siglo xx al excavar el Canal de Acceso al
Puerto de Santa Fe, y algunos de los fósiles allí colectados forman parte de la exposición permanente del Museo Provincial de Ciencias Naturales F. Ameghino, de nuestra ciudad. Los restos de fauna fósil en esos niveles del subsuelo son tan abundantes que bien
podría considerárselo yacimiento paleontológico.
Pero no es sólo el subsuelo de la laguna el que depara “sorpresas”, sino también sus bordes.
Como se visualiza en la imagen de Figura 1, el límite oeste se compone de una sucesión de segmentos rectilíneos, a diferencia de la margen sureste (los terrenos en el entorno de la Ruta Prov. )

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1), que es más bien festoneada a
digitada.
Los tramos rectos del oeste tienen su origen en una gran cantidad de fracturas tectónicas pequeñas.Grotos 1 y 2), que han fragmentado los materiales geológicos del área, al punto de que en el campo puede medírselas fácilmente, y hacer mapas de frecuencias defracturas como el de Figura 5, que en geología son más comunes en áreas con rocas de
millones de años de antigüedad.
Por su parte, el festoneado de la margen sureste se debe a la génesis de los terrenos arenosos que caracterizan la zona de Colastiné-Rincón, y aún más al norte por
la Ruta Prov. 1: setrata de restos de un campo de dunas formadas por vientos que soplaron desde el sureste en general, similares a las que se forman en la actualidad en
varios desiertos del planeta (Figura 6). El hallazgo reciente de un , paleosuelo desarrollado sobre las arenas eólicas en inmediaciones del A o Leyes, a la vez que marca el cambio hacia condiciones más húmedas y el cese del modelado del paisaje por el viento, sugiere que la formación de las dunas ocurrió hace más de 10.000 años, en principio.
La laguna Setúbal, por cierto, adquirió su identidad en la depresión en tiempos mucho más recientes.

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