Parque Islas de Santa Fe (1ra. Parte)

La fauna del Parque Nacional. Los habitantes del Parque Nacional Islas de Santa Fe parecen viejos conocidos. Sin embargo,a poco de entrar al texto provisto por la fundación Hábitat & Desarrollo se ha de ver que cada especie bien guarda, en la espesura de la vegetación islera o las aguas marrones del valle del Paraná, sus secretos.

El Parque Nacional Islas de Santa Fe está ubicado unos 50 kilómetros al norte de Rosario, sobre el río Paraná. Su fauna es parte del patrimonio natural a proteger, dentro de un área de alrededor de 2.900 ha. El área declarada parque nacional mediante la Ley Nacional N° 26.648 comprende las islas fiscales cedidas por la provincia a la Nación para tal fin, que en buena parte constituían la Reserva Provincial El Rico, creada en 1968.Hasta los nombres de las islas son curiosos: Campo El Rico, Mabel (o Chingolo), La Gallina, El Conscripto, El Lago, Del Medio (o De l.illo), El Alisillar y Pajas Blancas. Al ser sometidas al régimen de la Administración de Parques Nacionales en octubre último, bajo la Ley Nro. 22.351, quedarán a salvo de las actividades humanas.El primer parque nacional en la provincia de Santa Fe es, además, un proyecto regional, porque está junto al Parque Nacional Predelta en la orilla entrerriana. Ambas reservas se potencian mutuamente. Al parque ya existente lo visitan cada año unas 80.200 personas. El proyecto fue elaborado e impulsado en un principio por una comisión constituida por la Subsecretaría de Pesca y Recursos Naturales de la provincia, el Ente Administrador Puerto de Santa Fe, la Universidad Nacional del Litoral y la Fundación Hábitat y Desarrollo.

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  1. El biguá. Se distribuye,
    prácticamente, por toda América
    Central y Sudamérica. En Argentina,
    se lo encuentra en todo el territorio.
  2. Tortuga de laguna. Habita en Brasil, Paraguay, Uruguay y Argentina. En nuestro país, en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Chaco, Misiones, Formosa, Córdoba, Tucumán, San Juan y Mendoza (en las tres últimas, introducida por el hombre).

 

ELBIGUÁ

(Phalacrocorax olivaceus). Otros nombres: biguá negro, mbiguá (guaraní), Chumuco (quechua).

Forma parte de los conocidos cormoranes, pero a diferencia de sus congéneres, habita prácticamente cualquier laguna, estero, arroyo o río, e incluso costa marina.Su cuerpo alargado y la posición de sus patas que se ubican bien hacia atrás le permiten zambullirse y desplazarse en el agua con gran facilidad. Las patas se encuentran provistas de membranas interdigitales (que unen dedos contiguos), lo cual favorece aún rriás la natación. Su pico largo, terminado en una suerte de gancho, es eficaz para la caza.

Los adultos alcanzan un tamaño de entre 65 y 70 cm. Su coloración es completamente negra, aunque al reflejo de la luz del Sol pueden notarse tonalidades verde-azuladas que otorgan especial belleza a la monotonía dé su plumaje. Los ejemplares más jóvenes
presentan una coloración pardo-acanelada y algo más clara en la zona ventral.

A diferencia de otras aves acuáticas, como los patos, el biguá no puede impermeabilizar sus plumas con aceites segregados por glándulas especiales. Así, sus plumas se embeben de agua, el animal se torna más pesado, lo que favorece el buceo.

Hábitos de vida: Se lo ve en actividad durante las horas del día, momento en que es posible encontrarlo en el agua realizando sucesivas zambullidas y buceando en busca de peces, su más codiciado alimento. En la natación, su cuerpo se sumerge casi completamente, quedando sólo la cabeza fuera del agua.Cuando finaliza la cacería, es común verlo posado sobre troncos caídos, ramas o en las orillas, con sus alas extendidas y su rostro orientado al sol. Esta típica actitud se debe a que necesita secar su plumaje; pues, de lo contrario, le resultaría muy complicado realizar el vuelo o gastaría energía extra.Se agrupan formando grandes bandadas y es común observarlos al vuelo, cuando se trasladan de un cuerpo de agua a otro.

Al momento de la reproducción, conforman grandes colonias donde cada pareja construye un nido sobre arbustos, árboles o acantilados. El nido es una especie de plataforma conformada por palitos, algo de paja y algún que otro material. En su interior, la hembra coloca unos 4 ó 5 huevos de color celeste-blancuzco.

Conservación y amenazas:

De amplia distribución y sin mayores preferencias de hábitat, siempre que sea acuático, puede decirse que no atraviesa problemas que dificulten su conservación. De todas maneras, la pérdida de su entorno y fragmentaciones ambientales, en el mediano y largo plazo, por el uso de humedales para la ganadería o cultivos pueden constituir un problema (al igual que para otros animales aquí descriptos). Es habitual que muchos pescadores eliminen al biguá cada vez que tienen la oportunidad: lo consideran una “competencia” en la pesca. Esa creencia es totalmente desacertada, ya que el biguá consume solamente peces pequeños, malheridos o moribundos (que son fáciles de atrapar). Muchos ejemplares de biguá mueren a causa de los tramperos de la pesca artesanal, enganchados en los anzuelos.

LA TORTUGA DE LAGUNA

(Phrynops hilariz). Otros nombres: Tortuga de arroyo, tortuga de barbillas, carumbé (guaraní), tortuga de vientre manchado (en Uruguay).

Es una especie de mediano a gran tamaño (aprox. 35 cm) que se caracteriza por su amplio caparazón, la presencia de bárbulas (o “barbillas”) en la zona del mentón y una estructura ventral (denominada plastrón) de color blan-cuzco-amarillento con llamativos lunares negros. La coloración del caparazón es de un castaño o castaño-oliváceo, mientras que la cabeza adquiere una tonalidad grisácea. En esta última, se destaca una notoria estría negra que va desde la punta del hocico, cruzando por los ojos, hasta los costados del cuello. Tanto las patas traseras como las delanteras presentan membranas que conectan dedos consecutivos (membranas interdigitales), que favorecen la natación. Por tratarse de una especie de tortuga criptodira, tiene la capacidad de retraer su cabeza dentro del caparazón en forma recta.Los machos tienen una cola más larga y ancha que las hembras. Al igual que el resto de los los reptiles, las tortugas de laguna se reproducen a través de huevos (son oviparas).

Hábitos de vida: Puede ser vista tanto en ambientes acuáticos de poca corriente: lagunas, esteros, bañados, madrejones e incluso estanques artificiales, como en las aguas correntosas de arroyos y ríos. Carnívora, consume una gran cantidad de presas, entre las
que se destacan insectos, moluscos, peces y anfibios, entre otros.
Por lo general, las presas que consume no superan el tamaño de su cabeza.

Se desenvuelve durante las horas del día, para lo cual necesita obtener calor a través de los rayos del Sol. Es ectoterma, es decir que su temperatura corporal depende del medio externo y no puede ser regulada por mecanismos internos. Por esta razón, es habituallocalizarla asoleándose en la orilla, sobre troncos o ramas, inmóvil durante largas horas, sola o en grupos. También puede hacerlo sin abandonar el agua -en horas cálidas-, manteniéndose flotando en la superficie, asomando cabeza y caparazón fuera del agua. Antes de la cópula, el macho deberá cortejar a la hembra. Posteriormente, para depositar los huevos, esta realizará una excavación en tierra firme (generalmente en la arena), que luego tapa y alisa, para ocultarlos. La temperatura de los rayos solares será quien se encargue del resto, favoreciendo el desarrollo de las crías en el interior de los huevos, que al nacer buscarán rápidamente dirigirse al cuerpo de agua más cercano en procura de su supervivencia. Entre los predadores más importantes se encuentran:  mamíferos, como la comadreja overa, el zorro de monte y el osito lavador o aguará-popé, otros reptiles, como el lagarto overo y numerosas especies de culebras; y aves, como el benteveo y el pirincho, a los que se suman garzas y rapaces. Los huevos y las crías son los más atacados, mientras que los ejemplares adultos difícilmente son capturados, debido a la protección que les confiere el fuerte caparazón.

Conservación y amenazas: Al parecer, no atraviesa problemas de conservación y sus poblaciones se encontrarían en buen estado.
De todas maneras, el mascotismo constituye una de las amenazas más importantes.Con frecuencia, suele ser capturada por pescadores deportivos, prendidas a los anzuelos.

EL LOBITO DE Río

(Lontra longicaudis) Otros nombres: Lobito común, lobito, nutria, guairao, lobito del plata, lobo-pé (guaraní). Su cuerpo es estilizado y presenta una larga cola que utiliza como propulsor al nadar. Sus membranas interdigitales favorecen la natación. Es carnívoro, su boca se compone de agudos caninos y amplios molares.

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1. Lobito de río. Vive por toda América Central y Sudamérica, excepto Chile. En el territorio
argentino, lo encontramos en Santa Fe, Tucumán, Jujuy, Salta, Formosa, Chaco, Misiones, Corrientes, Entre Ríos, Buenos Aires y Córdoba.
2. Ranita del zarzal. Se localiza al sur de Sudamérica, en Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. En Argentina, en la región nordeste y centro-este, con registros en Misiones, Formosa, Chaco, Corrientes, Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires.

La coloración del pelaje, si bien puede variar un poco en toda su área de distribución, presenta una tonalidad pardolustrosa, que le otorga cierto brillo cuando se expone a la luz solar. En la zona del pecho, la coloración se torna algo más clara, de tono amarillento o acanelado.
Alcanza los 100 cm, considerando la cola. Los machos llegan a, tener mayor tamaño que las hembras, que se identifican por su par de mamas. Un ejemplar adulto pesa unos 12 kg.
Hábitos de vida: Frecuentan mayormente cuerpos de agua correntosos, como ríos y arroyos, aunque puede vérselos en el interior de lagunas y bañados.
Por lo general, se mueven durante el día, aunque no resulta raro observados en actividad
durante la noche. Pasan gran parte del día cazando, fundamentalmente dentro del agua. Buscan peces, ostras y cangrejos, entre otra larga lista de presas. No pierden oportunidad de servirse de alimento algún que otro pequeño mamífero, anfibio, reptil e, incluso, aves.
Andan solitarios y se muestran muy territoriales. Cuando localizan la presencia de otro ejemplar de su especie merodeando por su territorio, emiten un sonido (cuya onomatopeya sería: “gjáa.,,”), que parece ser reproducido directamente desde la garganta.
Poseen un desarrollado sistema de comunicación que incluye sustancias odoríferas y marcas para informar sobre su estadio sexual y demarcar territorios.

Conservación y amenazas: En nuestro país, su estado de conservación se considera en peligro. De todas maneras, aparentemente sus poblaciones han venido recuperándose desde la década del ’80, cuando su persecución disminuyó considerablemente, debido a que resultaba tan difícil hallar ejemplares que su comercio se tornó antieconómico. Pescadores de subsistencia, que utilizan tramperos como el espinel, cuentan que con frecuencia aparecen lobitos de río “enganchados” de los anzuelos.

EL CARPINCHO
(Hydrochoerus hydrochaeris). Otros nombres: Capibara o capivara.
Es el ‘roedor más grande del mundo. Llega a medir alrededor de 120 cm ya pesar unos 80kg. Su silueta se asemeja a la del pequeño cuis común (Cavia aperea), un pariente roedor. Presenta unos grandes dientes incisivos, típicos del grupo.
Su cuerpo es rechoncho y su pelaje es pardo, variando entre claro y oscuro, que por ser grueso y áspero recuerda al de los cerdos salvajes, lo que le ha conferido al carpincho el nombre de “puerco de agua”.
Su cabeza es grande y su enorme hocico, a primera vista, parece tener forma cuadrada. En sus miembros presenta, aunque poco desarrolladas, membranas interdigitales. Ojos, oídos y nariz se encuentran ubicados de tal forma que su posición parece respetar una línea recta: puede mantenerse flotando en el agua sin necesidad de exponerse completamente, en alerta con todos sus sentidos.
El macho, a diferencia de la hembra, desarrolla una protuberancia (glándula) junto al hocico, la cual vulgarmente se conoce como “catinga”, con la que marca territorios.
Hábitos de vida: Rara vez anda solo, forma grupos, en ocasiones muy numerosos y liderados por un macho dominante.
En ambientes en los que se siente seguro, suele desenvolverse durante las horas del día. Por el contrario, cuando se siente amenazado, prefiere utilizar la noche para abandonar sus dormideros. Su presencia depende exclusivamente de la existencia de cuerpos de agua, aunque cuando se mueve durante la noche, puede alejarse a varios centenares de
metros de distancia de ese medio, en busca de hierbas frescas para
alimentarse.
Consume hierbas principalmente en las costas, en tierra firme. Igualmente, no es raro vedo alimentándose de plantas acuáticas, como en el caso de la inflorescencia del camalote.
Es un nadador y puede mantenerse varios minutos bajo el agua. Cuando una amenaza lo
acecha busca escapar “buceando”. El individuo que detecta la amenaza en primer lugar emite un fuerte sonido que recuerda al ladrido de un perro, anunciando al resto del grupo que es momento de escapar.
Los ejemplares adultos suelen ser presa del yaguareté y del puma. En tanto, en los estadios juveniles también por el yacaré, la boa curiyú y grandes aves rapaces, entre otros.
Conservación y amenazas:
Al ser una especie ampliamente distribuida, su estado de conservación no parece reflejar riesgos para su conservación. De todas maneras, su abundancia y área de distribución se ha retraído de manera considerable producto de la intensiva cacería para provecho de su carne y cuero.

LA RANITA DEL ZARZAL (Hypsiboas pulchellus).

Otros nombres; Ranita de los árboles, ranita trepadora común.
De color verde o acanelado tiene la capacidad de alternar sus tonalidades de acuerdo al entorno en que se encuentre o, incluso, de acuerdo con su estado de ánimo.
Los adultos llegan a alcanzar tamaños que no superan los 5 a 5,5 cm de largo. Se caracteriza por la presencia de una estría fina, pero notable, que se desarrolla desde
atrás del ojo y avanza extendiéndose por el flanco (costado del
cuerpo). También la muestran en sus patas.
De acuerdo con la coloración que presente la rana, estas estrías pueden tornarse plateadas (cuando toma coloración verde) o pardo oscuro (si toma coloración
canela).
Del grupo de los Hylidos, presenta discos adhesivos en sus dedos. Puede trepar con gran
habilidad, incluso ventanales de ‘Vidrio.
Presenta una serie de cantos muy característicos, los cuales parecen variar según el clima y la temporada del año.

Hábitos de vida: Es común en pastizales y sabanas inundadas, lagunas con vegetación acuática flotante y en la vegetación de las costas de ríos y arroyos. También es posible localizarla en el interior de bosques ribereños y arbustales, siempre y cuando exista la posibilidad de formación de cuerpos de agua, al menos temporales (por ejemplo, luego de las lluvias).
Aparentemente, confía mucho en su capacidad de mimetizarse con el entorno. Por ello, una vez que se la detecta, puede observársela con total tranquilidad mientras ella se mantiene totalmente inmóvil.
Su alimentación se basa en una larga lista de pequeños insectos.
Pero, por otro lado, la ranita del zarzal constituye parte de la dieta de un importante número de animales de mayor tamaño: mamíferos, reptiles y aves, principalmente, a los que se suman otros anfibios (algunos escuerzos) y algunos peces.
Se adapta bien a las perturbaciones antrópicas, aunque en cierta medida Por ello, es habitual su aparición en casas ubicadas en zonas rurales.
Para reproducirse, desova una gran cantidad de huevos que deja adheridos (en forma agrupada) en tallos de plantas acuáticas o palustres, que se mantienen sumergí-
dos en el agua.

Conservación y amenazas: Al parecer, se trata de una especie que no atraviesa problemas de conservación, por lo que se la denomina como común. De todas maneras, actividades antrópicas, como el uso intensivo de agroquímicos, constituyen una amenaza importante cuyas consecuencias (de no revertirse el avance de dichas actividades) podrían tener graves consecuencias, sobre ésta y otras especies, en el mediano y largo plazo.

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FAUNA FANTÁSTICA: HABITANTES DE LA CULTURA ISLERA
El juicio del Gran Carpincho Blanco; los dientes protectores del yacaré; la vergüenza nocturna de los surubíes; el amor imbatible del bíguá.
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Los guaraníes supieron dar provecho a la carne de las tortugas de laguna como una importante fuente de proteína animal. Los huevos, además de alimento, servían para untárselos en la piel a modo de protector solar. Otras etnias aborígenes, como
los abipones, al igual que los primeros españoles que llegaron a nuestras tierras, evitaban consumir la carne de tortuga porque temían adquirir la lentitud del animal.
El mito ha perdido seguidores y hoy muchos pobladores de la región continúan utilizando a esta especie como alimento. También para hacer artesanías con los restos no comestibles del animal, como el caso de fuentes o bandejas de caparazones.
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Según una leyenda guaraní, en el biguá ha reencarnado un esbelto y fuerte indio que bus-
ca incansablemente a su amada, desaparecida hace tiempo en el río. Por ello, es común observar al biguá dando sucesivas zambullidas diariamente.
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Capibara proviene de kapiva (o capiívá), voz guaraní que describe al carpincho como un “amo de la hierba”. Su nombre científico, hydrochaeris, no ha sido más apropiado. Significa “puerco de agua”: los primeros cronistas españoles ni se imaginaron que, con su gran tamaño, fuera un pariente de los ratones.
En el Litoral argentino, corren de boca en boca los rumores sobre la existencia del Gran Carpincho Blanco. Protector de los carpinchos y del resto de los animales, temido por los cazadores. La leyenda promete un castigo ejemplar a los que se excedan o no respeten las épocas de cacería Desde siempre, su carne y cuero han sido valorados. Más allá de leyendas, el carpincho es blanco predilecto de los cazadores.
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Yacaré es, en guaraní, “lo que fue rama rota”. La metáfora describe la conducta habitual de la especie: mantenerse inmóvil y sumergido en el agua, asomando únicamente su cabeza, como si fuera un tronco sumergido. Hoy muchos pobladores locales, al igual que comunidades aborígenes del Litoral que dan provecho de la carne del yacaré overo. A su vez, se utilizan mucho los cueros del animal para fabricación de diversos elementos. El cuero del overo posee una mayor calidad que su congénere, el yacaré negro. Sus dientes han sido de uso cotidiano en la medicina de los criollos, quienes los consideraban un, eficaz antídoto para cualquier tipo de veneno. Incluso, según relatos populares, llevar un colgante con dientes de yacaré prevenía la mordida de la yarará.

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El surubí caza de noche para pasar desapercibido. La narrativa popular islera lo explica así: carga una enorme vergüenza, la de quien en este pez se ha reencarnado, porque asesinó a un viejo amigo, tan solo por envidia.
Poseedor de una mística excepcional, el surubí pintado tiene bien ganado su apodo: “el toro de los ríos”, en referencia a su increíble fuerza y a su incansable lucha cuando se lo intenta retirar del agua Su carne posee alta calidad, lo que lo convierte en uno de
los peces más apetecidos de nuestros ríos. Numerosos certámenes de pesca deportiva, tanto a nivel nacional como internacional, se realizan en diversas localidades,
a la vera de los ríos Paraná y Uruguay.
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Los pescadores lo apodaron “el tigre de los ríos” por la furiosa lucha que imponen cuando se intenta retirarlos del agua y por las majestuosas piruetas que realizan en el aire una vez prendidos del anzuelo. Al dorado los guaraníes lo llamaban piráyú, “pez amarillo”. Sea por su coloración, por la maravilla del sabor de su carne o por casualidad, el pez
recibe el nombre de uno de los mitos americanos más notables: el de El Dorado, un lugar imaginario donde todo es de oro. Tan dichoso como pescar un dorado.

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