El comercio (1ra. Parte)

EL Río PARANÁ INTEGRA LA CUENCA DEL PLATA, y se encuentra en una de las zonas más pobladas e industrializadas de Sudamérica. Su importancia estratégica radica en la vinculación con el área de producción industrial quizás más importante de esta parte del continente como lo es el Estado de Sao Paulo (Brasil), en su extremo norte y con el área industrial del Gran Rosario, en la provincia de Santa Fe, Argentina. Por ello el Paraná se constituye en la vía de integración más importante del Mercosur. En la época de la colonia, tanto españoles como portugueses disputaron el control de su cuenca accediendo por el Río de la Plata. Siempre prevaleciendo los intereses económicos, en el siglo XIX, quienes se disputaban su dominio fueron franceses e ingleses, sin dejar de lado las aspiraciones territoriales de Brasil.

La Hidrovía Paraguay- Paraná constituye una de las vías navegables naturales de mayor
longitud del planeta: 3.442 km desde Puerto Cáceres (Brasil) a Nueva Palmira (Uruguay).
Está conformada por los ríos Paraguay, Paraná y Uruguay.
Comprende un área de incidencia directa del orden de 720.000 km2 e indirecta de 3.500.000 km2 y una población de 40 millones de habitantes.
La Hidrovía Paraguay-Paraná es una de las vías de transporte más significativas para el
logro de la integración física del Mercosur, ya que conecta Argentina, Bolivia (a través del Canal Tamengo), Brasil Paraguay y Uruguay.

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Con relación a la navegación del río Paraná a lo largo de todo su recorrido, debemos expresar que se ve impedida por la presencia de la Represa de Itaipú, que divide al río en dos sectores con navegación fluvial.

DRAGADO:
A principios de la década del ’90, en Argentina se inició un proceso de privatización y concesión de determinados servicios que estaban en manos del Estado. En el caso particular del dragado, señalización y balizamiento del río Paraná, para el tramo Santa Fe-océano Atlántico comenzó con el llamado a licitación el día 31 de mayo de 1993.
A comienzos de 1994, en un acto realizado en la ciudad de Buenos Aires, se abrieron los
sobres presentados en dicho pro- ceso licitatorio, y el día 2 de junio del mismo año, se preadjudicó la obra.
El 21 de febrero de 1995 se aprobaron los contratos y se adjudicó de manera definitiva
a la empresa Hidrovía SA, integrada por el Grupo Belga Jan De Ñul y la argentina Emepa SA.
El contrato se firmó en abril de dicho año. Los trabajos comenzaron ello de mayo. El área de concesión comprendía el tramo km 584 del río Paraná y la zona de aguas profundas naturales del Río de la plata exterior a la altura del km 205,3 del Canal Punta Indio por el Canal Ingeniero
Emilio Mitre.
El plazo original de la concesión era de diez años y comprendía dos etapas: la primera 28 pies hasta Puerto Gral. San Martin y 22 pies hasta Santa Fe, cumplida el 31 de diciembre de 1995; y la segunda 32 pies hasta Puerto Gral. San Martín y 22 pies hasta Santa Fe cumplida el 31 de diciembre de 1996. La obra tenía un costo de U$S 40 millones anuales por el plazo de duración de la concesión (10 años), a cargo del Estado Nacional.

El 3 de octubre de 1997 se amplió en 8 años el plazo de la misma que debía finalizar en el 2005, extendiéndose hasta el 2013.
El 30 de octubre de 2001, la Secretaría de Transporte de la Nación anunció que a partir del 10 de enero de 2002 el Estado Nacional dejaría de aportar los 40 millones de dólares anuales afectados al dragado y mantenimiento de la vía navegable. El30 de diciembre
de 2002, según decreto 2.687, el Estado convalida el Acta Acuerdo con Hidrovía SA y dispone el aumento de la tarifa de peaje, de U$S 1,36 a U$S 1,65 por TRN, para compensar al concesionario, discútiéndose pautas del contrato entre la empresa y el Gobierno
Nacional.
Los beneficios de la obra se traducen en ahorros de tiempo, mayor aprovechamiento de las bodegas de los buques y reducciones en los costos de fletes, que como consecuencia de la profundización de la vía navegable representan 4 U$S/tn, que multiplicado por los 80 millones de toneladas que transporta el sistema hace un beneficio de 320 millones de dólares anuales. En relación al volumen de las cargas, con 32 pies, los barcos pasaron
de 35.000 tn a 43.000 tn, lo que podría incrementarse a 49.400 tn si se logran los 36 pies.
Antes de la concreción del dragado, los puertos del Gran Rosario no llegaban a manejar 7 millones de toneladas por año, llegando a los 55 millones aproximadamente
en estos últimos años.
Cabe mencionar que cuando el Puerto de Santa Fe fue habilitado en 1910, la profundidad “de la vía navegable entre Rosario y la ciudad de Paraná había sido establecida por la Nación en 19 pies (Ley 4.170 de 1902). Por ese entonces los buques tenían una capacidad de carga de hasta 10.000 toneladas, aunque lo habitual eran barcos que promediaban las 5.000 toneladas. Desde ese entonces, la situación no ha cambiado mucho para el Puerto de Santa Fe. A casi 100 años de la obra, el calado de la estación fluvial es de 25 pies, en tanto que los puertos de la zona Rosafé registran profundidades de 34 pies.

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RENEGOCIACIÓN CONTRACTUAL

A principios de 2010, luego de un proceso de renegociación y de audiencia pública, se logró la extensión del plazo del contrato por ocho años más, es decir hasta el 2021. Este nuevo acuerdo implica:
1- Mantener las tarifas establecidas por la Resolución N° 1.534 de agosto de 2006, es decir para el transporte internacional U$S 2,25 por Tonelada de Registro Neto y $ 2,25 para el cabotaje· nacional, también por TRN.
2- Se eliminan los aportes financieros del Estado Nacional que se habían previsto oportu-namente en el Pliego de Bases y Condiciones de la concesión original (decreto N° 863/93).
3- Lograr nuevas profundidades, de 36 pies hasta Puerto Gral. San Martín y 28 pies hasta Santa Fe.
4- Extender la obra al tramo Santa Fe (km 584), Confluencia (km 1.238) y luego hasta el acceso a Asunción (km 1.630). La profundidad a garantizar será de 10 pies más 2 de seguridad a la navegación en suelos arenosos y semiduros y de 3 pies para suelos duros.
Otro dato importante para destacar es que en forma transitoria para los próximos 3 años, el valor de la tarifa será $ O, debiendo percibir el concesionario un subsidio por parte del Estado Nacional de unos U$S 37,5 millones por año.
Luego de ese período y en función del resultado de los estudios, se aconsejará el cobro de una tarifa a los usuarios para hacer frente al costo de ampliación de la obra, y se establecerá una tarifa de peaje.
El 31 de agosto del corriente año se suscribió el convenio entre el Gobierno Nacional y el
Concesionario, para iniciar las tareas de dragado, señalización y balizamiento en el tramo Santa Fe al Norte, hasta el km 1.238 del Río Paraná Superior, dividido en las siguientes subsecciones: Subsección 11.2: Santa Fe (km 584) – Esquina (km 853) y Subsección
11.3: Esquina (km 853) – Confluencia (km 1.238). Para entender un poco más la importancia de esta obra, basta con analizar la siguiente comparación: un tren de barcazas compuesto de 25 unidades con capacidad de 1.500 toneladas cada uno (total 37.500
toneladas) equivale a 1.250 vagones ferroviarios y a 1.666 camiones semirremolques. También hay que tener en cuenta que para transportar un míllón de toneladas de granos-agregó se necesitan 27 convoyes de barcazas de 25 unidades, o 833 trenes de ferro-
carril con 40 vagones, o 44.444 camiones de 22,5 toneladas cada uno.

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INVERSIONES:
A partir de la transferencia del Estado Nacional a las provincias de las principales estaciones fluviales, se generó un importante proceso de reestructuración
de todo el sistema portuario; las privatizaciones dinamizaron las inversiones en el sector. A ello debemos sumar un importante conjunto de normas que hicieron posible el normal funcionamiento de los puertos privados, que hasta entonces contaban solamente con
un permiso precario para sus operaciones.
La instalación y ampliación de terminales de embarque en la zona del Gran Rosario fueron
realizadas con aportes del sector privado, de empresas cornercializadoras y exportadoras de granos, aceites y harinas proteicas. Estas obras comprendieron la ampliación del complejo para el procesamiento de oleaginosas, como así también la construcción de muelles para múltiples usos aptos para operaciones de buques de gran porte y de barcazas.

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Hidrovía Paraná Paraguay

EL DESARROLLO DE las víAS DE COMUNICACióN es una de las herramientas indispensables para impulsar el crecimiento de una región. En este sentido, el Mercosur dispone de un recurso natural invalorable: su red fluvial, lo cual
constituye una ventaja comparativa que debe ser aprovechada al máximo en un esquema de alta competitividad entre los mercados.
Los ríos Paraná, Alto Paraná y Paraguay conforman un sistema de navegación fluvial conocido como la hidrovía Paraná-Paraguay.
Esta Hidrovía se divide en tres tramos de ruta de navegación, con diferentes calados (profundidades disponibles). Desde el océano hasta Puerto San Martín (aproximadamente Km 650) los canales de navegación permiten. El tránsito de buques
oceánicos con calados de hasta 34 pies. Desde Puerto
San Martín hasta Santa Fe (aproximadamente Km 130), la ruta de navegación
se está acondicionando para 25 pies de calado.
Desde Santa Fe hacia aguas arriba, la ruta de navegación es para 10 pies de calado (convoyesde barcazas), y llega hasta Puerto Iguazú (aprox. Km 1.900) por el Alto Paraná, y
hasta Corumbá (aprox. Km 2.900) par el río Paraguay; e incluso con calados más
reducidos se puede navegar hasta Puerto Cáceres (aprox. Km 3.400) en las nacientes del río Paraguay.
En total, la hidrovía Paraná-Paraguay y Alto Paraná ofrece aproximadamente
4.000 km de rutas de navegación.
Calificar esta vía navegable como un recurso natural utilizable es una verdad
indiscutible, avalada por la historia del continente; basta con analizar el
proceso de la colonización española para comprender la importancia que los ríos han tenido en el progreso de la región, desde los orígenes mismos de la civilización moderna.

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En la actualidad, las ventajas económicas que presenta han devuelto al río su papel preponderante como medio de transporte.
Nadie duda de la conveniencia y la necesidad de dar a la navegación fluvial el rol que le corresponde en el contexto de la actividad económica del Mercosur.
Es perfectamente factible un desarrollo sustentable de ‘esta Hidrovía. Pero, para ello resulta indispensable definir con claridad sus características particulares, respetando sus condiciones naturales, promoviendo su conocimiento y preservación. Ello permitirá apropiar beneficios en forma progresiva, asegurando el uso sustentable del río, mejorando sus condiciones actuales y garantizando la disponibilidad del recurso para las generaciones futuras.
Una hidrovía en armonía con la naturaleza es posible. La clave reside en formular un modelo de funcionamiento que interprete y respete nuestros sistemas fluviales. Para ello es necesario desarrollar técnicas y procedimientos ingenieriles propios que convaliden,.o eventualmente reemplacen, metodologías adoptadas de otras hidrovías más desarrolladas.

EL CRITERIO DE APROVECHAMIENTO NATURAL DEL Río

Es conocido que existen hidrovias fluviales famosas en el mundo.Tas cuales muchas veces se citan como referencia para marcar el grado de desarrollo que poseen.
Si bien es cierto que varios buenos ejemplos de obras y aprovechamientos en otros lugares pueden ser extrapolados a la hidrovía Paraná- Paraguay, corresponde destacar que cada una de ellas tiene sus particularidades, y la magnitud de la reacción inducida
del sistema, ante acciones que no respetan las características naturales del río, puede llegar a ser catastrófica.
Al respecto es oportuno destacar los daños ocasionados por las crecidas extraordinarias del río Mississippi, particularmente en 1993, al encontrarse el sistema artificialmente regulado y por ello sin posibilidades de amortiguar naturalmente los eventos hidrológicos extraordinarios. Es así como no sólo los aciertos, sino también: los errores cometidos y malas experiencias de otras hidrovías, deben ser contemplados muy especialmente en la nuestra, hoy considerada con un envidiable gran potencial natural.
El criterio de optimización económica y ambiental, que debería ser adoptado para el diseño y mantenimiento de esta hidrovía, consiste en aprovechar al máximo las características de nuestros ríos. Por ejemplo, para solucionar el problema de falta de dimensiones naturales del canal navegable ante la presencia de un “paso crítico” (zona de escasa profundidad por sedimentación), es preciso explorar posibles cambios parciales de la traza del canal buscando profundidades naturales; y sólo en el caso de que esto no fuera posible o suficiente, recurrir a una mínima obra localizada de dragado, pero con la premisa de contemplar la buena ubicación del material extraído, para mejorar el
auto mantenimiento de profundidades.
El concepto de aprovechar al máximo las condiciones propias del río se debería interpretar como una gran ventaja, no sólo desde el punto de vista económico, sino además como una manera de garantizar una mínima afectación al medio ambiente.
En este sentido, la constante evolución morfológica de cauces y bancos hace que las profundidades cambien continuamente de posición, resultando, en la mayoría de los casos, conveniente desplazar la ruta, en vez de insistir con voluminosas y costosas obras
de dragado, que no acompañan la tendencia natural señalada.
La adecuada ubicación del material dragado tiene como objetivo una acción correctiva, mejorando progresivamente las posibilidades de mantenimiento del calado, controlando la clásica expansión de corriente que origina la sedimentación en los “pasos críticos”. Para ello, es conveniente utilizar equipos aptos, que permitan depositar el material dragado
en zonas de escasa profundidad ubicadas lateralmente, compatibles con el propósito de inducir el encauzamiento del río.
Estas características y criterio de aprovechamiento de la hídrovía Paraná-Paraguay demuestran que para su mantenimiento no sólo se necesitan equipos apropiados de dragado y adecuados sistemas de señalización, sino que se debe contemplar también otra
tarea primordial, continua y permanente, como es la ejecución de mediciones y estudios. Esta labor se debe realizar tanto para disminuir costos, como para promover
una progresiva reducción de las obras de dragado con el tiempo, mediante una correcta interpretación de la tendencia morfológica natural del río, favoreciendo e
intentando lograr su autorregulación.
Si bien la obtención de información topobatimétrica es imprescindible para verificar las
profundidades, efectuar el seguimiento de los cambios morfológicos, y corregir por ende la traza del canal navegable; se considera sumamente importante llevar a cabo mediciones de campo adicionales, con el objeto de conocer el comportamiento de la corriente. Esta tarea apunta a cuantificar y documentar también la “causa” de los cambios morfológicos y no sólo sus “efectos”.
Los ríos Paraná y Paraguay, con sus regimenes hidrológicosvariables, y lecho aluvional de sedimentos fácilmente erosionables, conforman un complejo sistema hidráulico-morfológico, donde corriente y morfologia interactúan continuamente, de manera
que lecho y márgenes del cauce principal y brazos secundarios, como así también el valle aluvial en una escala de tiempo mayor, están continuamente cambiando sus formas. Esto demanda la necesidad de señalar permanentemente el canal de navegación con
anchos relativamente reducidos (aproximadamente 100 metros), con relación a los grandes anchos naturales del cauce del río, a veces superiores a los 3 o 4 kilómetros.
A pesar de ello, en determinados lugares “pasos críticos” son imprescindibles obras localizadas de dragado.

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EL PRONÓSTICO “OPORTUNO” DE CAMBIOS DE RUTA

El cauce principal del Paraná funciona como un río muy ancho, que contiene en su interior una corriente concentrada con mayores caudales específicos y mayores profundidades que en el resto de la sección. Este escurrimiento concentrado erosiona el lecho,
labrando una especie de canal más profundo (thalweg) y muy activo dentro del mismo cauce.
A pesar de que el cauce principal describe una sucesión de estrechamientos y ensanchamientos, con tramos rectos o suavemente curvos, este canal más profundo (thalweg) divaga dentro del mismo cauce con una gran variabilidad temporal, acorde a los estados del río y a modificaciones morfológicas naturales, producidas por alteraciones
a mediano plazo en la hidrología global de la cuenca.
El éxito en el diseño de la traza de la ruta de navegación en el río Paraná depende, en gran medida, de hacerla coincidir dentro de este canal profundo. Esta tarea es relativamente simple en la mayoría de los casos, excepto en dos situaciones. Una de ellas es en los deno-
minados “pasos de navegación”, donde a pesar de identificarse un thalweg, lasprofundidades son insuficientes, y a su vez la posición del mismo es muy cambiante.
El otro caso complicado es cuando se producen bífurcaciones del río en dos o más brazos,
donde si bien alguno de estos cauces es más caudaloso que los otros restantes, en determinadas situaciones críticas, que a veces dura varios años, se produce una
suerte de competencia entre brazos, en un intento de captar cada uno ‘un mayor porcentaje del caudal total.
Esta particularidad de indefinición momentánea natural complica a la navegación, pues la elección de una ruta equivocada, o la insistencia con una traza sobre un cauce que el río tiende a abandonar, implica mayores obras de dragado y costos de mantenimiento.
Para poder elegir correctamente entre alternativas de traza de canal, juega un rol importante el pronóstico de la divagación del thalweg en la zona inmediata
ubicada aguas arriba de las bifurcaciones. Investigaciones sobre este tema aportan valiosos conocimientos acerca de los procesos migratorios de las zonas más profundas del río. Ello permite contar con herramientas de diseño para la concreción y mantenimiento de una ruta navegable “natural” de mínimo impacto en el ambiente,
y que acompaña la evolución del sistema fluvial, en lugar de oponérsele.
EL DRAGADO ” AMBIENTALMENTE” CONVENIENTE
Por sus características muy particulares de sistema fluvial no regulado, la hidrovía Paraná-
Paraguay posiblemente requiera equipos de dragado específicos y “a medida”, diseñados bajo la premisa de que la buena ubicación del material extraído (para ayudar la tendencianatural de autodragado del paso) sea un objetivo tan importante como el de quitar el sedimento del canal de navegación. Sin dudas, el aumento de exigencias en la ruta de barcazas (Santa Fe al norte) y calados mayores en la ruta profunda (Santa Fe al sur) indefectiblemente llevará en el tiempo a un incremento de la cantidad de+pasos críticos”
y volúmenes totales de obras de dragado.
Es por ello que el concepto de obras de dragado con fines correctivos (no sólo paliativos) es fundamental en un río que resulta innegablemente una “vía navegable
natural”. La posibilidad de acompañar al río en su evolución, apropiando al máximo los beneficios derivados de ello, posiblemente no requiera de grandes obras de ingeniería, ni de grandes dragas. Por el contrario, exige el uso de los avances tecnológicos, pero en
el marco de criterios propios que posibiliten diseños eficientes y aptos para la realidad de nuestro sistema fluvial.

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LOS RELEVAMIENTOS SISTEMÁTICOS INTEGRALES

Los avances tecnológicos en temas de captación de información a través de sensores remotos (imágenes satelitales) brindan a la geomorfología e hidráulica fluvial una valiosa herramienta para el análisis de la evolución hidromorfológica comparativa y secuencial del sistema, variable a través del tiempo, y del estado del río. Gracias a esto es posible analizarla evolución de cauces, brazos, márgenes, bancos, islas, valle aluvial, etc.

Toda esta información es de vital importancia para el diseño de la ruta de navegación eligiendo para su traza el camino que acompañe la tendencia natural del río, mejorando las condiciones de seguridad y minimizando el impacto ambiental. Pero, a esta información obtenida de imágenes satelitales, le falta un complemento fundamental: la topobatimetría detallada de todos los cursos y cuerpos de agua del sistema. Gracias a la cartografía planialtimétrica de los cursos de agua es factible determinar las zonas más
profundas Cthalweg) del río, por donde llevar el canal de navegación; y las zonas más playas, que constituyen un obstáculo y se deben salvar o evitar. La posibilidad de contar con esta topobatimetría detallada del río, permite además, analizar sus variaciones
morfológicas con el tiempo y en consecuencia determinar la evolución futura esperada de cada brazo del río, indicando su tendencia natural que guiará la elección de la traza de canal de navegación más conveniente.

Todo esto ha sido posible en el río Paraná gracias a la invalorable tarea desarrollada por más de un siglo por la ex Dirección Nacional de Construcciones Portuarias y vías Navegables (DNCP y VN),organismo estatal que no sólo ha posibilitado el gran desarrollo de la navegación fluvial en la hidrovía Paraná-Paraguay, sino que ha constituido una fuente de información única muy valiosa para todo tipo de estudio fluvial y ambiental de nuestros ríos. En efecto, gracias a la ex DCP y VN contamos con relevamientos topobatimétricos detallados del río Paraná que datan desde principios del siglo xx.
Actualmente, tanto en la ruta de barcazas como en la de buques oceánicos, esta tarea (relevamientos topobatimétricos del río) se realiza con menor cobertura, priorizando sólo la traza momentánea del canal navegable. Esto implica que se desconoce cómo evoluciona el resto de ese cauce y menos aún los otros brazos del mismo sistema, cuya potencialidad como eventual traza futura del canal navegable se debe contemplar y evaluar.

Esta situación de “escaso” conocimiento y control de la evolución morfológica del lecho
de los cauces del sistema se debe revertir, incrementando los relevamientos en la ruta de barcazas (Santa Fe al norte) y complementando o extendiendo la cobertura de los relevamientos de la ruta profunda (Santa Fe al océano).

Historia Colonial (2da. Parte)

4. LAS EMBARCACIONES
Consoldada la Conquista, las carabelas, galeones y bergantines del siglo XVI. dejaron lugar a otros tipos de embarcaciones barcas, botes y garandumbas utilizadas para el transporte de personas y de las mercaderías que se traficaban entre las ciudades conectadas por
los ríos. Entanto que las canoas indígenas siguieron navegando el Paraná, ya no dueñas del río sino subordinadas a un nuevo sistema bajo el predominio español o transformadas en otro tipo de embarcaciones, adecuadas para transportar
mayores cargas. Crónicas de la segunda mitad del siglo XVIII de Francisco Millau.
Juan Francisco Aguirrey Félix de Azara, de los jesuitas José Cardiel y Cayetano Cattáneo.
y del fraile franciscano Pedro de Parras nos permiten conocer cómo eran esas
embarcaciones.
De las canoas, dice el jesuita José Cardiel que no son “otra cosa que un tronco de árbol
cavado como un pesebre es decir, una batea para colocar el alimento de los animales, con algo de punta para romper el agua en lugar de proa”. Las más grandes solían medir 16 varas o 48 pies (unos 14 metros) de largo y 4 pies de diámetro (unos 3,5 metros). Juan Francisco de Aguirre refiere que las canoas eran compradas a los payaguás, quienes las
fabricaban muy ligeras y por ese motivo eran utilizadas para navegar río abajo. Con
buen tiempo llegaban a Buenos Aires en 11 ó 14 días, habiéndose originado el dicho
de que “fue despachado en canoa río abajo para dar a entender lo fue con brevedad”.
Por su eficacia para navegar en los ríos, por la facilidad de su construcción y por la
habilidad de sus tripulantes indígenas, las canoas no desaparecieron con la
presencia de los españoles sino que continuaron siendo muy utilizadas como tales o convertidas en piraguas o en balsas.

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Las piraguas eran bateas hondas de forma rectangular con chumaceras para los remeras, que se construían sobre una canoa partida, unidas sus mitades con tablas
sobre las que se disponía la carga y se hacía “su casa de río abajo”.
Servían sólo para un viaje, por lo que eran desarmadas y se vendían sus maderas al llegar a destino. Por ser de navegación muy fácil, acota Aguirre, en ellas se podía aplicar el dicho de que “río abajo, hasta las calabazas ruedan”. Por su parte, Félix de Azara describe a estás
embarcaciones como un tipo de balsa, agregando que sobre el plano de cañas llevaban “una casita o cabaña hecha de esteras cubierta con paja o cuero, en la cual cabe
una pequeña cama, y algunas cosas necesarias para el viajero”.
Las balsas, que los guaraníes llamaban itapás, son descriptas por Francísco Millau en 1772. Se hacían con dos canoas, “dejando alguna separación entre ellas y
sujetando sus costados con algunos palos que a trechos atraviesan
de una a otra por encima de sus bordas, en las que se hacen firmes, a excepción de algún espacio hacia sus popas y proas, que quedan desembarazadas para poder bogar algunos remos de punta; sobre estos palos se cruzan otros, que forman con cañizos o ramazón un piso para acomodar en él la carga; en lugar de remos se sirven a veces de dos cuerdas para tirar de una banda y recoger de la otra,
cuando la distancia y corriente lo permiten .. “. Por su parte, el padre Cayetano Cattáneo refiere que sobre el piso de cañas se disponía “una casita o cabaña, hecha de esteras, cubierta con paja o cuero, en la cual cabe una cama pequeña y algunas otras cosas necesarias para quien viaja”; o, como dice Azara, para “guardar los articulas
de transporte y hospedar a viajeros y tripulantes”. .
Las maderas de cedro, urunday y viraró, junto con la yerba, eran el principal producto de exportación del Paraguay, que bajaban estibadas en el fondo de los barcos y garandumbas o formando jangadas, llamadas itapayerés en guaraní. Fray Pedro de Parras nos
dice que se componían de varios maderos ligados entre sí con sogas, abrazad eras de hierro y clavazón. Había aJgúllaSinuy grandes, que llegaban a medir 50 o 60 varas (de 43 a 52 metros) de largo y ancho similar. Sobre los maderos se formaba un entablado que servía de suelo a la “casa” de maderas y cueros en la que se cargaba yerba, tabaco y azúcar, aunque el objeto principal de la jangada era transportar la propia madera con que estaba formada para ser vendida al llegar a destino. Para cortar el agua, las jangadas tenían la proa levantada, y también llevaban remos en la popa, no tanto para moverlas como para “algún gobierno”, ya que el movimiento en.. realidad dependía del curso del agua y de un bote que se usaba para remolcarlas.

Las garandumbas eran embarcaciones que, salvo la forma redondeada que presentaban desde la amura a la proa, en.lo demás según Aguirre eran verdaderas bateas, con gran capacidad de carga y sin cubierta. Para alojamiento de personas y mercaderías se les hacía “su casa de río abajo”.

Como no podían remontar el  río, se las construía para navegar sólo río abajo y al llegar a Buenos Aires se desarmaban y se vendía su madera; esto traía algunos perjuicios, como que el “peonaje” no  volvía a su lugar de origen. Azara asimila las garandumbas a las
piraguas, diferenciándolas en que se les ponía proa, y agrega: “Las hacen hasta de 26 varas de longitud [22,5 metros]. Las cubren con una bóveda cilíndrica de cueros
y a veces con un tejadillo de paja. Navegan con la pausa que se deja entender y para suplir la falta de timón ponen muchos remos en la popa y bogan de costado y otros ponen en las bordas para ayudar a la corriente”. Al igual que otras embarcaciones, cuando llegaban a Buenos Aires se deshacían y se vendían sus tablas, recogiendo los clavos para ser reutilizados en la construcción de otras garandumbaso Tenían algunas ventajas res-
pecto a los barcos: mayor capacidad de carga, “necesitaban menos agua que los barcos” y eran de construcción “cómoda y fácil y no costosa”. Nuevamente, representaba un problema que los peones que las conducían se quedaban en Buenos Aires y Montevideo.
Finalmente, la lista de embarcaciones para el transporte se completa con los barcos o barcas, que para aumentar su capacidad de carga se construían haciendo más grande su manga, que llegaba a medir 9 varas (casi 8 metros), con quillas de entre 20 y 22 varas (unos 18 metros). De formas similares, los botes eran de menores dimensiones y sus quillas medían entre 10, 14 Y 16 varas (de 8,50 a 14 ‘ metros).

Historia Colonial (1ra. parte)

EI Paraná, que había sido hábitat y espacio de comunicación vital de los pueblos originarios, fue también el curso por el que penetraron y circularon los europeos que se instalaron en tiempos de la Conquista y que colonizaron sus márgenes configurando territorios frágiles, inestables y de fronteras precarias. La ruta del río, conquistada por el europeo, fue durante siglos la única que garantizaba cierta seguridad a su presencia intrusa y una vez afianzado su dominio, la vida colonial se estructuró en torno al eje fluvial.

La importancia que tuvo el río en esos siglos se puede, reconocer abordando algunas lecturas del Paraná de los conquistadores y el de los colonizadores,el de los mercaderes y los jesuitas, y el de comunidades vinculadas entre sí a través del río, que configuraron un espacio colonial de características regionales.

  1. Río ARRIBA: EL PARANÁ DE LOS CONQUISTADORES Y DE LOS CRONISTAS

La imagen grandiosa de casi 400 canoas navegando por el Paraná con más de 6.000 aborígenes que salieron pacíficamente al encuentro de los conquistadores españoles, entre los cuales se encontraba Ulrico Schmidl, puede servir para marcar el fin de una época en la historia del Paraná y el comienzo de otra. Aunque, en realidad, ese final había comenzado algunos años antes, con la entrada de los primeros conquistadores. 

Los primeros europeos que remontaron el Paraná fueron Alejo García, Sebastián Gaboto y Diego Garcia de Moguer, al frente de expediciones que sucedieron a la de Juan Díaz de Sólís (1516), que se había frustrado en las costas del actual Uruguay.

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.Entre 1524 Y 1525 Alejo García remontó los ríos Paraná Y Paraguay, atraveso e MatoGrosso y llegó al Alto Perú, de donde regresó aparentemente cargado de plata y oro, y con la información sobre las minas de plata que alentó la ambición de otros europeos. Muerto por los indios cerca del Paraguay, el mismo se convirtió en personaje de fábula.

El Paraná de Gaboto fue resultado de una transgresión a los objetivos autorizados por la
Corona: encontrar el camino a las Molucas. Ya para entonces, el río de Solís había comenzado a ser conocido como de la Plata, nombre que durante bastante tiempo también sirven para denominar por extensión al curso del Paraná. Alentando la fantasía de llegar a una sierra abundante en plata, en 1527 Gaboto remontó el Paraná, alejandose de su itinerario y apartandose del contrato que había celebrado con quienes financiaron su expedicion.
El fuerte de Sancti Spíritus, en la desembocadura del Carcaraña, fundado en mayo de ese año, fue señal física de ese incumplimiento; allí dejó a un grupo de hombres, continuó subiendo el Paraná en busca del camino que le llevara a la Sierra de la Plata y remontó el
Paraguay hasta el Bermejo donde, atenazado por el hambre y por los aborígenes, decidió volver río abajo, encontrandose con la flota de Diego García de Moguer
quien, también incumpliendo el objetivo de su expedición, habla entrado y remontado lo que genericamente llamaban Rֽío de la Plata. El encuentro entre García de Moguer y Gaboto se produjo treinta leguas antes de llegar a la desembocadura del Paraguay,
planteandose la discusión sobre los derechos que ambos creían tener a esa conquista. La destrucción del fuerte de Sancti Spiritus, ocurrida en septiembre de 1529, significó el fracaso de la expedición y forzó el regreso de Gaboto a España.

En su memoria, Diego García relata su itinerario por el Paraná y cuenta haber visto “muchas islas y arboledas”, deteniendose en las vicisitudes de su encuentro con Gaboto y de las parcialidades indigenas que fue encontrando en el Litoral fluvial.

Más narrativo es Luis Ramirez, uno de los hombres de la expedición de Gaboto, quien en
la conocida carta a su padre describe el Paraná como un río “muy caudaloso” y que desemboca en el río de Solos “con veinte y dos bocas”, expresión que utiliza para referirse al delta que forma antes de desaguar en el Rֽío de la Plata. Ramírez pondera la calidad del agua, diciendo que es “de muy buena agua, dulce, la mejor y más sana que se pueda pensar”; se asombra de sus islas: “Este río hace en medio, muchas islas, tantas que no se pueden contar” y de la abundancia del pescado: “El pescado de esta tierra es mucho y muy bueno”. Pero anota también algunos contrastes: cuando escaseó el pescado él y sus compañeros debieron andar “de isla en isla pasando mucho trabajo, buscando hierbas y ésta de todo género que no mirábamos si eran buenas o malas”, mientras que en otras islas encontraban caza en tanta abundancia como para “henchir los navíos”.

Otro integrante de la expedición de Gaboto fue Alonso de Santa Cruz, más tarde cosmógrafo real y autor del conocido “Islario General de todas las islas del mundo” que dedicó a Felipe II. En su Islario describe al Paraná diciendo: “Es este río uno de los mayores y mejores del mundo. El río principal que los indios llaman Paraná, que quiere decir
más grande, tiene las islas mucho mayores [que las del Uruguay] .
Algunas tienen el nombre de los mayorales e indios que siembran en ellas”. En su descripción de las islas señala que por ser bajas se inundan fácilmente durante las crecientes anuales, que son habitadas generalmente en el verano y que en ellas se siembra mucho maíz, pero que no se producen yucas, ages ni batatas. También dice “que son todas de mucha arboleda, aunque los árboles de poco provecho porque si no son para el fuego y para chozas que los indios hacen, para otra cosa no son” y destaca la presencia de palmas de todos los tamaños. De la fauna también trae noticias: “En algunas de estas islas hay onzas y tigres que pasan del continente a ellas y muchos venados y puercos de agua aunque no de tan buen sabor como los de España”; De las aves dice: “Hay muchos ánades, muchas garzas, que hay islas de tres y cuatro leguas de largo y más de una de ancho, que los árboles están llenos de ellas, muchos papagayos que van de pasada”. Santa Cruz no puede dejar de señalar las “muchas pesquerías de muy grandes y buenos pescados” y destaca todavía más: “Péscanse alrededor de ellas muchos y diversos pescados y los mejores que hay en el mundo que creo yo provenir de la bondad del agua que es aventajada a todas las que yo he visto”.

En la década siguiente los conquistadores españoles volvieron a remontar el Paraná, esta vez formaban parte de la expedición de don Pedro de Mendoza, el primer adelantado del Río de la Plata, alentados también por alcanzar las riquezas que había buscado Gaboto. El fracaso de la fundación del Puerto de Buenos Aires forzó la navegación del Paraná, priorizando la obtención de alimentos para una multitud de expedicionarios que habían experimentado las consecuencias del hambre.
De allí que Ulrico Schmidl, uno de esos hombres, hiciera la crónica de su viaje insistiendo en los víveres que les proporcionaban los pueblos originarios del Litoral .2

  1. Río ABAJO: EL PARANÁ DE LOS FUNDADORES 

Algunas décadas más tarde, la ruta de las fundaciones de ciudades, se recorrió en sentido inverso de los primeros conquistadores. Esta vez se hizo río abajo, desde Asunción, siguiendo los cursos de agua del paraguay,del Paraná y, finalmente, del Rֽío de la Plata. De las tres ciudades fundadas como parte de este proceso, la primera fue Santa Fe, en el curso medio del Paraná, en una encrucijada formada por el camino fluvial y las rutas terrestres que se dirigían al oeste hacia la provincia del Tucumán. La expedición comienza a organizarse cuando en noviembre de 1572, en el “alarde” realizado en Asunción, se anotaron los voluntarios que estaban dispuestos a salir a fundar. Los expedicionarios bajaron divididos en dos grupos, unos por tierra trayendo ganado y otros que partieron del Paraguay, en abril de 1573, al mando de Garay. En total fueron entre 76 y 80 hombres, la mayoría de ellos nacidos en la tierra, es decir paraguayos, y unos pocos españoles europeos. En la condición de aliados, también bajo un grupo de guaraníes. El domingo 15 de noviembre de 1573 se ofició el ritual solemne de la fundación.

La segunda ciudad fundada fue Buenos Aires, con un grupo de pobladores que también fue convocado en un “alarde” realizado en Asunción en febrero de 1580. La expedición partió al mes siguiente, río abajo, al mando de Garay, para encontrarse en
Santa Fe con quienes hicieron el camino por tierra arreando ganado vacuno. Desde allם volvieron a partir unos por tierra y otros río abajo, embarcados en la carabela
San Cristóbal de la Buenaventura, dos bergantines el “Santo tomás” y el “Todos los Santos”-, 40 balsas y algunas canoas. El  11 de junio de 1580 se formalizó la fundación de la ciudad de la Trinidad y Puerto de Buenos Aires.

La tercera y última ciudad establecida en tiempos coloniales en el eje fluvial fue Corrientes, fundada el 3 de abril de 1588 con el nombre de “ciudad de Vera”, esta vez sí sobre el curso principal del Paraná en el paraje conocido como de las Siete
Corrientes. Nuevamente, los futuros pobladores partieron de Asunción, a bordo de dos bergantines, un bajel y cuarenta y ocho balsas. Por tierra, bajo Hernandarias, conduciendo ganado vacuno y yeguarizo.

Durante varios siglos, cada una de las tres ciudades actúa como centro de irradiación de asentamientos y poblados menores, nacidos bajo su influjo y dependencia en los territorios de su jurisdicción. Y en conjunto, las tres sostuvieron la presencia
española en el corredor fluvial, estableciendo entre si relaciones que marcaron la historia colonial en sus diversos aspectos, particularmente en los sociales y económicos y que dotaron al espacio de fuertes rasgos de identidad comunes y compartidos, Ese espacio colonial tuvo en el río su principal ruta de comunicación, por la que circularon hombres y mujeres, productos y bienes, hábitos, costumbres y creencias.

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  1. 3. LOS PUERTOS
    Y EL COMERCIO

Durante el período colonial, el curso del río Paraná configuró con el Paraguay y el Río de la Plata un eje de comunicación fundamental para la relación comercial entre las ciudades ubicadas en sus márgenes: Asunción, Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires.

Muy cambiante fue la situación del Puerto de Santa Fe, que por su localización estratégica
durante mucho tiempo fue el enclave natural adonde bajaban
desde Asunción productos y mercaderías. “Durante todo el siglo XVII -dice Juan Carlos Garavaglia- Santa Fe era indiscutiblemente el centro más importante de redistribución de la yerba” .

. Efectivamente, la ciudad había nacido como punto de articulación entre el Paraguay y el Perú, a través de la provincia del Tucumán; punto de confluencia que atraía a mercaderes de Córdoba, el Tucumán y el Alto Perú y de otras procedencias para adquirir yerba, tabaco, azúcar, miel, algodón, cueros, cera, que bajan en barcos desde el Paraguay.

Por ser un punto natural de arribada de los barcos paraguayos, durante décadas Santa Fe
no necesitó de disposiciones que reconocieran a su puerto como lugar de desembarque de mercaderías. Esa condición la perdió en las primeras décadas del siglo XVIII, ante el crecimiento del rol comercial de Buenos Aires y debido a otros factores, por lo cual los santafesinos, representados por don Juan José de Lacoizqueta  que viajó a España
para ese efecto, gestionaron y consiguieron el privilegio de ser Puerto Preciso es decir, obligado en la ruta del comercio fluvial, mediante una Real Provisión de la Audiencia de Charcas de 1739, confirmada por una Real Cédula de 1743. La institución del Puerto Preciso obligaba a que las embarcaciones sólo podrían navegar con carga desde
Asunción y las misiones hasta el Puerto de Santa Fe, donde tenían que vaciar sus bodegas para que las mercaderías siguieran su rumbo por tierra, aún cuando su destino fuera Buenos Aires. En la práctica, la norma era eludida por embarcaciones que pasaban de largo por el Paraná, sin hacer puerto en Santa Fe, y que cuando llegaban al puerto de Las Conchas, en el delta, poco antes de llegar a Buenos Aires, lugar en el que las autoridades omitían verificar el cumplimiento de la norma. Otras embarcaciones entrabanal puerto santafesíno, ligeras de mercaderías por haberlas descargado en alguna de las islas del Paraná, de donde eran recogidas en el momento de continuar su viaje río abajo. El privilegio de Puerto Preciso fue suspendido en 1780, comenzando para Santa Fe una etapa de declive comercial.

Para la ciudad de Corrientes, fundada sobre un sitio elevado y en las márgenes del Paraná, también era vital su relación con el río: toda su comunicación con las otras ciudades y provincias se hacía por navegación fluvial, evitando el tránsito por áreas que se
mantenían en poder de grupos chaqueños o charrúas. Desde el punto de vista comercial, a los productos que bajaban del Paraguay, los correntinos agregaban tabaco, azúcar y miel locales; sin embargo, hasta 1760, el volumen de su comercio no era significativo. Para esa época, Bernardo López Luján (según cita Ernesto Maeder) dice que en Corrientes
no había más de cinco embarcaciones y aún así “apenas hallan suficiente carga de los frutos y esquilmos que produce la tierra para emprender la navegación”, por lo que para completar su carga era necesario buscar productos en la provincia del Paraguay. Esta situación comenzó a mejorar en tiempos virreinales, cuando perdido el privilegio de Puerto Preciso por parte de Santa Fe, el principal destino de las naves salidas de Corrientes fue el puerto de Las Conchas en Buenos Aires (más de un 80% estima Maeder), seguido muy de lejos por Asunción (cerca del 10%), Santa Fe (3,5 %) y las misiones de guaraníes (2,7%). Por su parte, en el extremo sur del corredor fluvial, el puerto de 

Las Conchas, ubicado sobre el Paraná de las Palmas, en la actual localidad de San Fernando, establecía el vínculo de la ciudad de Buenos Aires con las provincias de río arriba.

En ningún caso los puertos coloniales tuvieron estructuras construidas, simplemente se utilizaban fondeaderos naturáles donde las naves pudieran atracar, refugiarse ante eventuales vientos y cargar o descargar con alguna facilidad a las personas y mercaderías que transportaban. 

Las mercaderías que circulaban entre estos puertos eran, especialmente, yerba, tabaco, miel de caña, azúcar y cueros.

El azúcar, de origen asiático, había sido introducida por los portugueses en sus colonias del Brasil y desde allí, habría sido llevada al Paraguay por Alvar Núñez Cabeza de Vaca. Años más tarde, Asunción exportaba azúcar manufacturada, y a mediados del siglo XVII contaba con 250 trapiches de donde se extraía miel de caña, otro de los productos que circulaban por el Paraná.

A partir de 1660 la yerba desplazó al vino, al azúcar y al algodón como principal producto de exportación del Paraguay. La yerba crecía en estado silvestre en la región Maracayú, ciento veinte leguas al norte de Asunción; su elaboración o beneficio consistía en tostar los ramos de hojas de yerba a fuego lento sobre zarzas; luego, las hojas tostadas eran molidas a fuerza de brazos dentro de unos hoyos abiertos en el suelo y, finalmente, la yerba molida era introducida en sacos de cuero cerrados con costuras. Cada saco
constituía un tercio o zurrón de yerba y pesaba entre 6 y 8 arrobas.
Estos sacos de yerba eran transportados por las embarcaciones río abajo.

A principios del siglo XVIII, los guaraníes de las misiones jesuitas comenzaron a cultivar
sus propios yerbales y a no depender de los de Maracajú, convirtiendo a la yerba en su principal producto de exportación y en la mayor fuente de recursos para es obtener el dinero metálico con el que debían pagar su tributo al rey. En las misiones de guaraníes se elaboraba la yerba llamada de Caamini, que difería de la común por su forma de beneficio, ya que si bien procedía de la misma planta, luego de tostada y molida, era cernida y se quitaban los palos.

Núñez Cabeza de Vaca. Años más tarde, Asunción exportaba azúcar manufacturada, y a mediados del siglo XVII contaba con 250 trapiches de donde se extraía miel de caña, otro de los productos que circulaban por el Paraná.

A partir de 1660 la yerba desplazó al vino, al azúcar y al algodón como principal producto de exportación del Paraguay. La yerba crecía en estado silvestre en la región Maracayú, ciento veinte leguas al norte de Asunción; su elaboración o beneficio consistía en tostar los ramos de hojas de yerba a fuego lento sobre zarzas; luego, las hojas tostadas eran

molidas a fuerza de brazos dentro de unos hoyos abiertos en el suelo y, finalmente, la yerba molida era introducida en sacos de cuero cerrados con costuras. Cada saco
constituía un tercio o zurrón de yerba y pesaba entre 6 y 8 arrobas.
Estos sacos de yerba eran transportados por las embarcaciones río abajo.

A principios del siglo XVIII, los guaraníes de las misiones jesuitas comenzaron a cultivar
sus propios yerbales y a no depender de los de Maracajú, convirtiendo a la yerba en su principal producto de exportación y en la mayor fuente de recursos para obtener el dinero metálico con el que debían pagar su tributo al rey. En las misiones de guaraníes se elaboraba la yerba llamada de Caamini, que difería de la común por su forma de beneficio, ya que si bien procedía de la misma planta, luego de tostada y molida, era cernida y se quitaban los palos.

 

Los primeros pobladores

Las tierras bajas del Paraná se caracterizan por su diversidad ambiental y por la variedad de especies animales y vegetales. Es un complejo sistema de brazos, lagunas y bañados que se encuentra sometido a la dinámica fluvial de bajantes y crecientes del río que desde la antigüedad incidió en la vida de las comunidades que lo habitaron. Dentro de este espacio geográfico se conservan sitios arqueológicos que contienen testimonios materiales de la vida de las sociedades que poblaron esta región durante más de 1.500 años, desde el comienzo de la era cristiana hasta el periodo Colonial temprano.

Estos pueblos eran los descendientes de otros grupos de hombres y mujeres que desde hace más de 10.000 años hablan comenzado a poblar el sector Este de Sudamérica  bajando por la cuenca amazónica y las tierras bajas del Brasil  hasta la cuenca del río de La Plata. Estas rutas junto con los cordones norandinos de Colombia y las tierras áridas de Venezuela, la costa central del Pacífico y los Andes Centrales habrán sido las principales vías que posibilitaron que grupos de cazadores recolectores colonicen. Sudamérica desde el istmo de Panamá hasta la Patagonia.

El río Paraná en sus tramos medios e inferior (desde la confluencia con el río Paraguay hasta el delta) fue el territorio de diferentes pueblos cazadores recolectores y horticultores que se adaptaron a la Vida en los ambientes fluviales.

El arqueólogo Jorge Rodríguez afirma que los grupos que habitaron el Noreste en general, fueron grupos de cazadores-recolectores cuyas estrategias de adaptación se fueron acomodando a las alteraciones climáticas. Los primeros grupos de cazadores-recolectores habrán contado con una cultura material predominantemente latica y más tarde, durante el Holoceno tardío habrán adoptado la cerámica. La horticultura habría comenzado como un complemento de la caza y recolección y se desarrollo en forma tardía, principalmente a partir de la llegada de los pueblos Tupí-Guaraní a esta región.

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Si bien se registraron algunas ocupaciones tempranas en el Alto Paraná y en áreas interiores vinculadas a este río, la mayor información arqueológica sobre las poblaciones que vivieron en los ambientes fluviales del Paraná procede del período Holoceno tardío, más precisamente entre el comienzo de la Era Cristiana y el siglo xv, en el momento en que se producen cambios en las condiciones climáticas hacia un régimen de mayor humedad, lo que produce transformaciones en el modo de vida de las sociedades cazadoras recolectaras creando una dependencia cada vez mayor de los ambientes acuáticos continentales en detrimento de los mediterráneos.

Debido a que ninguna de estas sociedades poseía escritura, el conocimiento que se tiene sobre su modo de vida y su historia proviene de diversos estudios arqueológicos realizados en sitios de las provincias de Corrientes, Chaco; Santa Fe, Entre Ríos y Bue- nos Aires, principalmente durante los últimos 30 años.

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LOS CAZADORES- RECOLECTORES DEL  PARANÁ MEDIO E INFERIOR

Los cazadores-recolectores tenían una economía de base extractiva, es decir que su subsistencia se basaba en la utilización de los recursos animales y vegetales que estaban disponibles en las distintas épocas del año, mediante la caza, la pesca y la recolección. Este tipo de estrategia, implicaba la ocupación de territorios muy extensos en relación al tamaño de la población que debía sustentarse.

La organización social se conformaba por pequeños grupos familiares en la que la banda era la unidad primaria y donde los recursos eran distribuidos de manera igualitaria entre la población.

Estas unidades familiares no vivían en un único lugar durante todo el año sino que se iban trasladando dentro de un amplio territorio donde instalaban diferentes tipos de asentamientos: residenciales (donde vivía todo un grupo o una familia extensa y realizaban las actividades cotidianas tales como cocinar, comer, dormir y fabricar herramientas), temporales (donde se asentaba un grupo o parte de él mientras se trasladaba de un lugar a otro dentro de su territorio) y áreas de actividades específicas (se trataba de determinados lugares aptos para la caza, la pesca, la recolección de vegetales o el aprovisionamiento de materias primas para fabricar instrumentos).

Los sitios residenciales o de actividades múltiples se localizaban en los sectores más elevados del paisaje, aprovechando los sectores más altos que sólo se inundaban en las crecidas extraordinarias. Dentro de un sistema fluvial como el del Paraná, los albardones constituyen uno de los relieves positivos que fueron una de las áreas más recurrentemente ocupadas por los grupos humanos, no sólo por su posición topográfica favorable sino por su cercanía y fácil acceso a los cursos de agua. Uno de estos sitios, son los llamados “Cerritos” donde se asentaban las poblaciones del Paraná inferior y el delta. Se caracterizan por tener una forma circular o elíptica y pueden tener hasta 300 metros de extensión. Según Ceruti, se ubican en los albardones perimetrales de las islas, lo que favorecía las comunicaciones y el control diario del río.

Sin título

Los sitios residenciales tienen decenas de metros cuadrados y muchos de ellos se extienden por cientos de metros producto de ocupaciones prolongadas y por la superposición de los asentamientos en un área a lo largo de muchos años. En ninguno de ellos se conservan restos de estructuras de viviendas u otro tipo, ya que debido a la carencia de rocas, las mismas se construían con troncos, ramas y arbustos, el mismo tipo de recurso que utilizan los “isleños” en la actualidad.

Los asentamientos temporales se localizaban en sectores cerca- nos a determinados recursos que son aprovechados en distintos momentos del año, por ejemplo la caza de aves o de mamíferos medianos como el coipo (nutria) o grandes como el ciervo de los pantanos.

Pero los asentamientos no se restringían únicamente a la llanura aluvial del Paraná, sino que utilizaban ambientes vecinos, como la llanura chaqueña, la planicie pampeana o tierras altas de las actuales provincias de Entre Ríos y Corrientes, de donde obtenían otro tipo de recursos: por ejemplo, semillas de algarrobo o chañar en el monte chaqueño; guanacos, ñandúes y venados de la región pampeana; areniscas y xilópalo para elaborar instrumentos líticos en las barrancas de la margen izquierda del Paraná; y rocas pro- cedentes de lugares tan lejanos como las sierras cordobesas.

Dentro de la llanura aluvial del Paraná, los recursos más utilizados para el consumo eran las nutrias y otros roedores pequeños, los ciervos de los pantanos, distintas especies de aves, peces y moluscos. Esta variabilidad en el aprovechamiento de recursos tan diferentes, implicó el desarrollo de distintas estrategias y técnicas para adquirirlos y procesarlos. Los instrumentos necesarios para cazar y pescar eran confecciona- dos utilizando huesos (puntas, arpones y anzuelos), cerámica (contenedores, proyectiles y pesas para redes) y rocas (puntas de proyectil, alisadores, morteros y boleadoras).

La dieta se basaba en los recursos más abundantes. Los peces parecen haber sido uno de los recursos principales, con la utilización de redes podían obtenerse fácilmente en los distintos pesqueros; de los mamíferos medianos como el coipo (nutria) o grandes como el ciervo de los pantanos se proveían de carne y grasa para el consumo, así como cuero, huesos y cuernos para la fabricación de artefactos. El carpincho fue un recursos utilizado en algunos sectores del Paraná, pero en gran parte de su tramo medio e inferior no aparece entre los restos de consumo, lo que ha llevado a pensar a los arqueólogos que podría tratarse de un tabú alimenticio.

Los moluscos, como Diplodon y Ampullaria, fueron muy utilizados en el norte de la actual provincia de Santa Fe y en el delta, donde se localizaron sitios con capas de conchales que se utilizaban para el consumo y también para confeccionar ornamentos como cuentas de collar.

La utilización de recursos vegetales es un poco menos conocida porque la evidencia material arqueológica no se conserva por las condiciones ambientales de los humedales. En el delta aparecen frutos carbonizados de la palmera Pindó, pero a lo largo del sistema del Paraná no se han podido recuperar otro tipo de macrorrestos. Actualmente, a partir de estudios de microrrestos vegetales se están comenzando a identificar algunos cultígenos, lo que indicaría que algunos grupos de cazadores recolectores complementaban su dieta con la utilización de frutos y semillas de plantas cultivadas previo a la llegada de Guaraníes a la región.

En el sistema fluvial, la movilidad de estos grupos estaba restringida por los cursos de agua donde se trasladaban en embarcaciones de las cuales se tienen referencias a partir de los cronistas europeos del siglo XVI. Esto posibilitaba la circulación por los distintos ecotonos y el acceso a los distintos puntos del sistema de asentamiento. Esta movilidad y circulación dentro del territorio variaba estacionalmente porque estaba condicionada con los períodos de creciente y bajante de los ríos, lo cual afectaba tanto la disponibilidad de espacios secos para asentarse como la presencia o ausencia de determinados recursos urbanísticos y vegetales. 

Estas variaciones eran perfectamente conocidas por los hombres  y mujeres que habitaban este tipo de ambientes, quienes de generación en generación transmitían
sus conocimientos sobre la naturaleza y los recursos, con lo que podían llegar planificar y prever en que sectores de su territorio convenía asentarse en cada uno de los momentos del año.

LA ARCILLA: UN RECURSO ABUNDANTE

Los recipientes de cerámica eran fabricados para poder contener y transportar líquidos o sustancias y para cocinar los alimentos. Éstos se elaboraban con arcilla proveniente de la zona, a la que le hacían agregados (como por ejemplo cerámica molida) para darle mayor cohesión a la pieza.
La materia prima, la arcilla, es muy abundante en los ambientes fluviales, También eran abundantes el agua y la leña, los otros dos elementos indispensables para su
fabricación.

Las arcillas se obtenían de fuentes secundarias o sedimentarias. Como lo señala el arqueólogo Fabíán Letieri, el río Paraná arrastra un caudal sólido constituido
por 200 millones de toneladas anuales de sedimento en suspensión, fundamentalmente illitay montmorillonita, arrastrando además entre 5 a 15 millones de toneladas de arena cuarzosa muy fina y menos de uno por ciento de minerales pesados(turmalina, circón, cianita y  estaurolita) transportados en  ‘fjarrastre. Son arcillas de gran plasticidad por el pequeño tamaño de sus partículas, que es importante para los procesos de modelado a mano comúnmente usados (volumen ahuecado y rollos), muy trabajables pues la presencia de antiplásticos de primera fuente como arena, distintos tipos de rocas y materiales de origen orgánico, dan consistencia a la pasta manteniendo la forma deseada y otorgando resistencia durante el secado y la cocción.

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Como lo afirma la ceramista Juliana Frías, los ceramistas dispusieron de una variada, gama de técnicas para realizar sus obras.
Muchas vasijas se levantaron por etapas, combinándose varios métodos de modelado primarios que proporcionan la forma básica de la vasija (ahuecamiento o
superposición de rollos) y secundarios con las que se definieron
los detalles.

Las formas dependían del uso o los usos que se le iba a dar a la
pieza. Éstas eran básicamente simples, abiertas como platos y
cuenco s o cerradas como ollas y cántaros. La cocción de las piezas
se realizaba a baja temperatura en fogones a cielo abierto y no en
hornos cerrados.

 

A algunas piezas se les realizaban aplicaciones de pintura preparada con pigmentos minerales, pero una de las técnicas de tratamiento superficial más utilizadas era la decoración incisa. Esta técnica consiste en trazar diseños de bordes regulares con instrumentos punzantes como palitos o espinas de pescado cuando
la pasta aún está fresca. Las más características son el surco rítmico, la línea y el punto, formando motivos abstractos y naturalistas.

Algunos grupos que vivían en la llanura aluvial del Paraná se caracterizaban por el modelado de piezas con el agregado de representaciones de figuras
zoomorfas y antropomorfas. Este tipo de piezas son muy características de esta zona y parece haber sido una tradición alfarera muy difundida, ya que se las encuentra también en sitios del río Uruguay. 

Si bien existen formas estilizadas, se pueden identificar a la mayoría de las especies animales representadas en los apéndices de los contenedores: aves (principalmente loros y lechuzas), carpinchos, pumas, coipos, lobitos de río, mulitas, ofidios, caracoles, y otros animales de los ambientes fluviales. Aparecen representados en forma recortada en el borde de los contenedores, como apéndices modelados y también huecos, muchos de ellos cumpliendo la función de picos vertedores.

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LA ROCA: UN RECURSO ESCASO

A lo largo del río Paraná son escasos los afloramientos de donde aprovisionarse de materias primas líticas para confeccionar instrumentos de piedra. Sin embargo, en muchos sitios encontramos artefactos e instrumentos confeccionados con rocas procedentes de lugares muy distantes. 

Esto nos da una idea de la gran movilidad que tenían estos grupos cazadores recolectores cuyos sistemas de asentamientos cubrían cientos de kilómetros” y del valor que adquirieron para los hombres ciertas materias primas para la confección de herramientas,

En los sitios del centro y norte de la provincia aparecen instrumentos confeccionados por la técnica de la talla, como puntas de proyectil, raspadores, raederas y cuchillos, y otros realizados por abrasión y pulido tales como hachas y boleadoras, hechos con materias primas procedentes de las serranías cordobesas como el cuarzo, la cuarcita y otras rocas metamórficas y de afloramientos de la formación ltuzaingó-xilópalo y arenisca- ubicados en la margen izquierda del río Paraná en las tierras altas de Corrientes y Entre Ríos.

Hacia el sur, en el área del Delta, se han encontrado artefactos e instrumentos confeccionados en cuarcita, calcedonia y otras rocas metamórficas materias primas
que procederían de los sistemas serranos de tandilia y ventania, en la actual provincia de Buenos Aires y también de las sierras de Córdoba, lo que nos lleva a pensar que también existían conexiones o algún tipo de vinculo entre poblaciones distantes entre sí, lo
que facilitaría el acceso a estas materias primas exóticas.

TECNOLOGíA ÓSEA

La fabricación de instrumentos con huesos de animales fue una técnica desarrollada también por los cazadores recolectores y se encuentran en muchos de los sitios de la llanura aluvial del Paraná, aún donde también se utilizaron instrumentos confeccionados
con rocas. Pero la eficacia de estos instrumentos para las actividades de caza y pesca, así como la mayor disponibilidad huesos de animales aptos para confeccionarlos hizo que esta tecnología haya sido la más utilizada en los ambientes fluviales.

Los instrumentos se fabricaban con mamíferos, especialmente con huesos y astas de ciervo de los pantanos, pero también el coipo (nutria), el carpincho y aves. Para
la fabricación de estos instrumentos punzantes, se seleccionaban las partes esqueletarias de los animales más aptas, principalmente los huesos largos y se utilizaban distintas estrategias tecnológicas tales como la percusión, el pulido, el endurecimiento por calor y la perforación de acuerdo a la utilizada que se les iba a dar. Con eso se hacían puntas para flechas y lanzas, arpones para pescar; punzones y agujas para coser telas y cueros.

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La calidad del Agua

Los criterios utilizados para evaluar las aguas del río Paraná surgen de relacionar los parámetros de calidad con los diferentes usos y objetivos a lograr para su aprovechamiento (preservación de la vida acuática. como fuente de abastecimiento de agua potable para uso recreativo en agricultura en navegación, etc.); para luego comparar los datos de los parámetros medidos espacio temporalmente, con los estándares de calidad fijados por las normas.

En este contexto se analizan los parámetros de calidad más significativos, medidos en el tramo medio del río Paraná y sus afluentes.

GIMEN HIDROLÓGICO Los derrames del río Paraná en territorio argentino (Paoli C. et al.) dependen casi en forma exclusiva de los aportes que se producen aguas arriba fuera del territorio nacional. El denominado río Paraná Medio, corresponde a unos 750 km de recorrido de norte a sur a partir de la confluencia de los ríos Paraná y Paraguay hasta Rosario. A la altura de la ciudad de Corrientes el caudal medio erógado es de 17.000 m3/s. resultante de la suma del caudal propio del Paraná superior (12.400 m3/s. en Posadas) y del río Paraguay (3.800 m3/s. en Puerto Bermejo). Se han observado modificaciones en el régimen de escurrimiento del río Paraná y en la calidad de sus aguas identificando impactos ambientales, cuyas causas son atribuidas por Tucci, C. (1997) a los principales emprendimientos desarrollados en la cuenca entre 1960 y 1990, tales como el desarrollo de represas con la finalidad de producir energía, las deforestaciones en la cuenca desde 1950, la práctica de la agricultura intensiva a partir de 1970, los desarrollos urbanos e industriales y la navegación.

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RÉGIMEN HIDROQUÍMICO

El régimen hidroquímico del cauce principal, así como de los ambientes lóticos (sucesión de cuencas menores que desaguan en forma unidireccional en el río), se encuentra comprendido dentro de los límites establecidos por las normas internacionales sobre calidad de aguas y es favorable para el desarrollo tanto de peces como de otros hidrobiontes; las excepciones son la turbiedad y el color que exceden los límites normados. El régimen de los ambientes lénticos (cuencas en torno al cuerpo de agua con movimiento de agua vertical u horizontal) es variado, lo que se explica por una serie de factores, tales como la distancia de los mismos al cauce principal, la naturaleza de la comunicación con el río, particularidades morfológicas y el grado de cobertura con vegetación acuática.

El caudal del cauce principal y de las lagunas vinculadas, en general, posee el tipo de aguas bicarbonatadas con composición catiónica sódica cálcica magnésica, con un contenido relativamente alto de sílice disuelta y de hierro; el PH varía normalmente en el rango de 6,5 a 8,5 (casi neutro a ligeramente alcalino). La turbiedad es muy alta sobre todo duran- te el período de crecidas, cuando el agua adquiere un color marrón y en la superficie un color rojizo, debido a los sólidos suspendidos aportados por los afluentes, particularmente por el río Bermejo que desagua al Paraná a través del rio Paraguay.

EL DESARROLLO DE LA VIDA ACUÁTICA

El contenido de sustancias biógenas y de materia orgánicas (alimento de las algas y plantas superiores) es alto y varia de acuerdo con la temperatura, alcanzan- do valores máximos durante el invierno. Estas condiciones favorecen el desarrollo de fitoplancton, zooplancton y de las macrófitas acuáticas.

La concentración de oxígeno disuelto del cauce principal (esencial para la vida de los peces) es favorable, presentando normalmente valores no inferiores al 75 % de saturación, y varía de acuerdo con la temperatura y con la profundidad; aun cuando se suelen encontrar algunas lagunas y cursos de agua con régimen desfavorable.

Al respecto, el río Paraná, cuando crece, diferencia meandros que después se cortan, creando en su periferia un cortejo de lagunas a distintas alturas, que son inundadas con diferente periodicidad, modificándose con ello la calidad de sus aguas; en ese ámbito, se produce una colonización muy variada que contribuye a la gran riqueza de especies que lo habitan.

Los meandros alcanzan gran desarrollo al norte de la ciudad de Santa Fe, sobre la margen derecha del río, esta llanura es recorrida por los ríos Colastiné y San Javier, presentando sus meandros radios de curvatura comprendidos entre 3 y 6 km, sobresaliendo por su desarrollo los del río Colastiné, donde el ancho de la faja de meandros alcanza los 12 km, mientras que los del río San Javier alcanzan los 6 km como máximo, esta zona es de enorme riqueza ictícola.

VARIACIONES POR CRECIDAS EXCEPCIONALES

Durante la crecida excepcional de 1983, que afectó un área de aproximadamente 8.000 km2 en la cuenca entre las transectas Reconquista-Goya y Santa Fe-Paraná, se erogaron caudales totales mayores a 50.000 m3/s, cerca de tres veces el caudal medio del río y más del doble de las crecientes comunes (20.000 a 22.000 ms/s) dejando bajo agua alrededor de 10 millones de toneladas de masa arbórea y 6 millones de toneladas de fitomasa graminoide, cantidades expresadas en peso seco (Poddubny y col., 1984).

Aprovechando esta excepcional crecida del río Paraná, con un grupo de investigación de la Facultad de Ingeniería Química de la UNL, del que formara parte, apoyado por la entonces Gerencia de Proyecto Paraná Medio de Agua y Energía Eléctrica SE, la Secyt y el Conicet, realizamos entre los meses de Abril y agosto de 2003 un monitoreo de los parámetros fisicoquímicos, relacionados con la calidad del agua de la región, en el entendimiento que las áreas afectadas por la inundación, serían similares a las del proyectado embalse destinado a producir energía. Se monitorearon los siguientes parámetros de calidad de agua: temperatura, conductividad, pH, turbiedad, concentraciones de oxígeno disuelto, orto fosfato  soluble, amonio, nitritos y nitratos; oxidabilidad al permanganato de potasio en muestras extrañadas a distintas profundidades.

Los datos fueron utilizados para validar un modelo matemático predictivo de calidad de agua, ensayado por el grupo (Hammerly y col. 1982) para predecir los impactos ambientales de la proyectada obra. El monitoreo se realizo sobre muestras extrañadas a 1 metro de profundidad en sitios preseleccionados de 14 transectas, partiendo de la costa santafesina, con navegación en línea recta hasta la costa entrerriana y midiendo las profundidades del lecho con un equipo de ecosonda, en un espejo de agua continuo de aproximadamente 30 km de ancho entre ambas  márgenes.

Con este estudio, se pudo constatar que  la vegetación y suelos que quedaron sumergidos, provocaron un fuerte incremento en la concentración de las sustancias orgánicas disueltas, impactando en la calidad de las aguas, los valores verificados de oxígeno disuelto y PH durante los meses de Abril y Mayo (picos de la inundación) fueron excepcionalmente bajos (midiéndose en el cauce principal índices medios de oxígeno disuelto de 55 % de saturación y PH = 5,0), mientras que los valores medidos durante la bajante del último ciclo de crecidas en el mes de agosto, mostraron la rápida recuperación del sistema, el porcentaje de saturación de oxígeno disuelto estuvo por encima del 80 %, aproximándose el pH a 7. La conductividad y la turbiedad no presentaron mayores variantes durante ambos periodos.

Durante los picos de crecidas, la fauna ictícola emigró la región del Paraná medio buscando zonas donde la calidad del agua fuera las favorable para la vida (no se pudieron detectar cardúmenes de peces con el ecosonda).

PARA FUENTE DE ABASTECIMIENTO PÚBLICO

Comparando los indicadores de los parámetros de calidad de agua, relevados durante el año 2001 por el Concesionario, en la toma de agua cruda del río Paraná ubicada frente a la ciudad de Rosario (Tabla 1) y de la mezcla de agua cruda captada del río Colastiné-Riacho Santa Fe con los valores normados para las fuentes de agua superficial de abastecimiento público, puede inferirse que resultan aptos respecto de los valores medios, aún cuando se registraron picos de contaminación por bacterias colifecales en las tomas de agua. Los datos del año 2001 fueron selecciona- dos por ser representativos de los regímenes hidrológico e hidroquímico normales del río.

PARA USO RECREATIVO

La concentración de las poblaciones bacterianas del valle aluvial del Río Paraná determinan la calidad bacteriológica de sus aguas; las fluctuaciones de las poblaciones de bacterias estuvieron siempre asociadas a parámetros ambientales, pero en mayor grado se deben a los sólidos en suspensión presentes, como consecuencia del lavado pluvial de los suelos.

Las bacterias en los ríos son de origen terrestre y las aguas su medio de transporte. Por ello, luego de producirse precipitaciones pluviales en la cuenca, se incrementa notoriamente el número de bacterias en las aguas de los balnearios como La Florida, en Rosario, o Guadalupe, en Santa Fe, llegando a prohibirse el ingreso de los bañistas a sus aguas. Estos casos se ven agravados por el vuelco de desagües  pluviales de los asentamientos poblacionales que desaguan en la cuenca, que elevan los niveles de contaminación, superando largamente los niveles bacteriológicos aceptados por las normas internacionales para aguas de baño.

CALIDAD DE AGUA PARA USO AGRÍCOLA

Las aguas del sistema hídrico Paraná Medio son óptimas para ser utilizadas entre otros usos, en el riego de los cultivos de arroz.

Los sistemas de riego más utilizados son: de flujo continuo, que tiene el inconveniente del vuelco de plaguicidas a los cursos de agua; de recuperación del agua por recirculación, que tiene la ventaja de evitar el vuelco de plaguicidas a los canales de desagüe; de riego estático, que mantiene las aguas con residuos de plaguicidas fuera de los canales de desagüe, y de riego mediante recuperación del agua, donde las aguas recuperadas se desplazan por gravedad a través de tuberías evitando el vuelco de plaguicidas. A los canales.

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PARÁMETROS A MONITOREAR PARA:

  1. a) Preservar la vida acuática:

Entre otros, se deben controlar:  los sólidos suspendidos y sedimentables, ya que su incremento tiene una influencia negativa en el funcionamiento de las branquias de los peces; además influyen en la penetración de la luz en la masa acuosa, dificultando la fotosíntesis, y tienen una potencial tendencia a absorber cationes, aniones; o compuestos de acción tóxica sobre la fauna ictícola.

* Oxígeno disuelto en las aguas, el que debe tratar de mantenerse por encima de 5 mlg a los efectos de preservar y dinamizar la vida ictícola.

  1. b) Utilizar sus aguas como fuente de agua para abastecimiento público:

La calidad de las aguas del río Paraná y sus afluentes, en especial el río Colastiné, es aceptable para ser utilizada como fuente de agua cruda, esta conclusión surge de cotejar sus parámetros con los estándares de calidad de agua, establecidos por las normas inter- nacionales para abastecimiento público. Por lo tanto, todos los esfuerzos deberán concentrarse en evitar la degradación de las aguas del sistema hídrico, obligando al tratamiento de los efluentes  industriales y cloacales previo a su vuelco aja cuenca del río Paraná, a fin de preservar la economía de los tratamientos de potabilización que se utilizan actualmente (coagulación, sedimentación, filtración y desinfección) y mantener la seguridad operacional del tratamiento elegido.

  1. c) Uso recreativo:

Cuando el uso recreativo de las aguas es para natación o baño, ante la posibilidad de ingestión accidental de agua, deberán controlarse los niveles de microorganismos patógenos en las aguas, a través del monitoreo de los indicadores coliformes totales y fecales, los que deberán permanecer por debajo de los límites establecidos por la autoridad sanitaria local.

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Su Flora y Fauna

El sistema ribereño Paraguay-Paraná es un corredor natural de 3.400 km de largo que nace en Amazonia y desemboca en el Río de la Plata, atravesando ecosistemas muy diferentes: selva tropical lluviosa, bosques caducifolios, parques y pastizales. La pendiente general norte-sur determina que exista mayor superficie de tierras altas hacia las nacientes y de tierras bajas e inundables hacia la desembocadura. El río Paraná conforma un corredor biológico que permite el ingreso de especies subtropicales en zonas de clima templado. La flora y fauna nativas utilizan este corredor, pero también lo hacemos los humanos, basta decir que el 80 % de la población argentina se asienta en las márgenes de los grandes ríos. El flujo del Paraná trae nutrientes, sedimentos en suspensión, semillas, huevos y numerosos organismos que circulan y se reproducen en o cerca del río. Permite el intercambio genético de flora y fauna que es arrastrada desde lugares distantes y se encuentra con individuos de su misma especie que habitan mayores latitudes. Por eso, en toda la cuenca pueden encontrarse especies comunes; una semilla de ceibo que caiga de un árbol en Formosa puede llegar flotando al delta santafesino y germinar allí. Este milenario flujo genético impidió el desarrollo de endemismos o especies exclusivas de un sitio. Para comprender mejor este fenómeno hay que decir que el Paraná no corre aislado de los ambientes que atraviesa, sino que va integrando especies propias del Chaco, del Espinal Mesopotámico y del Pastizal Pampeano, favoreciendo la existencia de ambientes eco tonales o zonas de contacto, que reúnen mayor diversidad de especies. Sin embargo, y debido principalmente a factores climáticos, la riqueza de especies disminuye desde las nacientes hacia la desembocadura en el estuario llamado Río de la Plata. Un claro ejemplo son los peces: mientras que en el Pantanal se identificaron más de 350, en el Delta del Paraná se reconocieron sólo 230 especies. La continuidad del río se manifiesta en una vegetación característica que se mantiene aún cuando atraviesa regiones naturales muy distintas, extendiendo hacia el sur la vegetación subtropical que en el caso del río Paraná está relacionada con la selva amazónica. Lo mismo ocurre con otros grupos de seres vivos, como aves, reptiles y mamíferos que también provienen de la Amazonia, mientras que en el Alto Paraná y en la Cuenca de río Uruguay se encuentran más especies propias de las selvas atlánticas del sur de Brasil.

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AMBIENTES INTERCONECTADOS
Además de los bosques ribereños y de las islas, el valle de inundación del Paraná está compuesto por un mosaico de ambientes interconectados por los pulsos de
creciente y bajante, los cuales a su vez dependen del nivel de lluvias ocurrido en las nacientes, así como del manejo que se realice de las represas hidroeléctricas ubicadas aguas arriba.
Las inundaciones periódicas producen situaciones que complican la vida de muchos animales; en ocasiones tienen que mudarse y comenzar de nuevo en otro sitio, pero también permite la expansión de especies hidrófilas o “amigas del agua”, a la vez que
limita el desarrollo de las especies que requieren poca humedad.
Así, cada creciente reacomoda el paisaje y redistribuye animales y plantas. Ellos están adaptados a estos pulsos y pueden sobrevivir en distintas condiciones ambientales, también pueden migrar antes de la época de mayor ocurrencia de inundaciones, a fines
de verano y principios de otoño.
Así como los isleños del Litoral construyen ranchos sobre postes, los animales que no pueden volar o nadar grandes distancias suben a sitios altos durante las
crecientes. Esto ocurre con los ciervos de los pantanos (Blastocerus dichotomus), gatos monteses (Oncifelis geoffroyz), víboras yarará (Bothrops alternatus), cuises (Cavia aperea), comadrejas overas y coloradas (Didelphis albiventris y Lutreolina crassicaudata) y lagartos overos (Tupinambis merinae), por citar sólo algunos ejemplos.
En la actualidad, también vacas y caballos se apiñan en los albardones costeros.
Tanto en la costa continental como en el borde de las islas, existen albardones creados por la sedimentación ocurrida durante las crecientes.
Los albardones son las partes más altas de las islas y a partir de ellos ocurre un gradiente topográfico que culmina en lagunas centrales. Estas lagunas centrales suelen ser extensas, también están sujetas a inundaciones y desagotan mediante arroyuelos
que perforan el albardón perimetral. De esta forma, actúan como reguladores hídricos que retienen el agua como esponjas para devolverla lentamente al río través de
arroyos esporádicos.
La vegetación de los albardones varía según la latitud en que se encuentren. En el Bajo ocurre una selva que incluye grandes árboles como el timbó blanco(Enterolobium contortisiliquum), ibirá puitá iPeltophorum dubium), lapacho rosado (Tabebuia impetiginosa), zapallo caspi (Pisonia zapallo) y palo mora (Chlorophora tinctorea). En el Paraná Medio, en cambio, la vegetación del albardón está compuesta por bosques
en galería más bajos, también formados por timbó blanco y colorado (Albizia inundata); además de sangres de drago (Croton urucurana), ceibos (Erythrina cristagalli)
y curupíes (Sapium haematospermum). En el Delta Superior y en el Delta Medio surge el bosque fluvial mixto formado por bosques mono específicos de sauces criollos (Salix humboldtiana) o alisos de río (Tessaria integrifolia), con presencia de canelones (Myrsine
laetevirens y M. parvula) y laureles (Nectandta falcifolia y Ocotea acutifolia), mientras en el Delta Inferior se destaca la selva en galería o Monte Blanco, actualmente relictual, compuesta por palmeras pindó (Syagrus romanzoffiana), ingáes (Inga vera) y anacahuitas
(Blepharocalyx salicifolius), entre otras especies.
En las islas nuevas, se asientan extensos sauzales, bosques de aliso de río y ceibales.
Recorriendo las copas en busca de frutos, puede hallarse a la pava de monte (Penélope obscura), gran ave parecida a un pavo que es intensamente cazada.
Los mamíferos más representativos de los albardones del norte son el mono aullador (Alouatta caraya), el coatí (Nasua nasua), el zorro de monte (Cerdocyon thous),
el pecarí labiado (Tayassu pecan), el pecarí de collar (Pecarí tajacu) y el murciélago pescador grande (Noctilio leporuinus). En la región central y hacia el sur, los mamíferos distintivos son el ciervo de los pantanos, la comadreja overa y el lobito de río (Lontra longicaudis).

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1. ZORRO DEL MONTE
2.COATí
3.PICO DE PLATA MACHO
4.YACARÉ NEGRO
5.HEMBRA DE MONO AULLADOR
6.CIERVO DE LOS PANTANOS MACHO
7. FLOR DEL CAMALOTE

“MEDIA LOMA

Las planicies ocasionalmente inundables que se extienden después de los albardones se conocen como “media loma”. Allí, aparecen comunidades de plantas capaces de soportar condiciones hidrológicas fluctuantes, como los arbustales de espinillos (Acacia caven), chilcales (Baccharis spp.), mimosas y carpincheras (Mimosa pigra y otras plantas del mismo género). Al bajar la loma acercándose a la laguna, surgen sarandizales (Phyllanthus sellowianus y Cephalanthus glabratus), cardasales (Eryngium spp.), pastizales de paja de techar (Panicum prionitis) y cortadera (Cottaderia selloana). Posadas sobre estos grandes pastos, suelen encontrarse aves granívoras como el verdón (Embernagra platensisi y los corbatitas (Sporophila caerulescens, S. collares y S. hypoxantha), pero también aves insectívoras que utilizan las espigas de los pastos sólo como atalayas para detectar insectos que pasen cerca, esto hace el pico de plata (Hymenops perspicillatus).

Por este ambiente, deambulan mamíferos notables como el aguará guazú (Chrysocyon brachyurus), un cánido silvestre que es intensamente cazado y se encuentra en peligro de extinción porque se lo asocia con la leyenda, del lobizón, yel aguará popé (Procyon cancrivorus), mapache sudamericano de hábitos nocturnos cuya huella semeja la mano de un niño pequeño.

En horarios vespertinos, pastando en algún claro rodeado de árboles, puede encontrarse al guazuncho (Mazama gouazoupira), pequeño y gracioso ciervo intensamente cazado en todo el Litoral.

Los bajos centrales ubicados a continuación de la loma baja, se encuentran rodeados por franjas de comunidades herbáceas hidrófilas que también varían según la región y el nivel de anegamiento en el que crezcan. En el Delta Superior y Delta Medio encontramos catayzales (Polygonum spp.), verdolagales (Ludwigia peploides, Henydra anagallis) y canutillares (Panicum elephantipes, Paspalum repens) que en el Delta Inferior son reemplazados por pajonales de paja brava (Scirpus giganteus), espadaña (Zizaniopeis bonariensis) o totora (Typha latifolia).

En los cuerpos de agua interiores, se encuentran camalotes (Eichhornis azurea, E. crassipes y Poniederia rotundifolia y P. cordata), camalotillos (Nymphoides indica) y el impresionante irupé (Victoria cruzianai).

Los mamíferos característicos de este ambiente son roedores como el carpincho (Hydrochaeris hydrochaeris), el coipo (Myocastor coypus) y la nadadora rata colorada (Holochilus brasiliensis).

Entre las aves destacan zancudas como las cigüeñas (Ciconia maguari, Mycteria americana, Javiru mycteria), el cuervillo de cañada (Plegadis chihz), el carau (Aramus guarauna) y garzas como la blanca, la mora, la bruja y la azulada (Ardea alba, A. cocoi, Nycticorax nycticorax y Butorides striatus).

En los espejos libres de agua, se zambullen en busca de peces el biguá y el biguá víbora (Phalacrocorax brasilianus, Anhinga anhinga), pero también los macaes (Rollandia rolland, Podilymbus podiceps y Podicephorus major) y las tres especies de martín pescadores presentes en la Argentina: el grande, el mediano y el chico (Megaceryle torquata, Chloroceryle amazona, C. americana).

Son abundantes las gallinetas (Laterallus melanophaius, Aramides y pecaha, Pardirallus sanguinolentus), gallaretas (Fulica leucoptera, F. armillata, F. rufifrons) y patos como el cutirí (Amazonetta brasiliensis), el capuchino (Anas versicolor), el sirirí pampa (Dendrocygna viduata), el sirirí colorado (Dendrocygna bicolor) y el picazo (Netta peposaca).

Con respecto a los anfibios, dentro de las veintisiete especies presentes merecen mencionarse la rana criolla (Leptodactylus ocellatus), sapos como el sapito cavador (Chaunus fernandezae) y varias especies de ranítas trepadoras (Hyla pulchela, Argénteohyla siemersi, Scinax [uscovarius y S. berthae).

Entre los reptiles se destacan varias culebras y dos especies de tortugas acuáticas (Trachemye dorgni, Hydromedusa tectifera), además de una gran boa acuática, amarilla y negra, conocida como Curiyú (Eunectes notaeus).

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Fósiles de los últimos millones de años

Los Fósiles son restos o huellas de animales y plantas que vivieron en épocas geológicas anteriores a la actual y se encuentran incluidos en rocas sedimentarias y sedimentos. Pueden ser huesos, huellas, cuevas, caparazones, etc. En la mayor parte de los casos se conservan las partes duras del animal, tales como las conchas de las ostras o los dientes de los tiburones, que no se descomponen al morir el animal. En muchos otros casos ocurre un fenómeno químico que la teoría de la Química todavía no ha logrado explicar racionalmente (pero que ocurre): En ausencia de oxígeno y en ambiente todavía desconocido, las. moléculas orgánicas originales son reemplazadas (volumen por volumen) por moléculas minerales muy simples, sílice, carbonato… Ese proceso se llama metasomatismo y ocurre muy lentamente a lo largo de muchos años. Al final, no solamente la forma externa, sino también los tejidos interiores del animal o planta quedan reproducidos fielmente en carbonato o sílice (que es el vidrio común ). Hay fósiles que son verdaderas joyas científicas por las que se pagan miles de dólares en el mercado negro internacional; y que han merecido numerosas penas de prisión y algunos fusilamientos en la China, dicho sea de paso. Son casos raros, casi siempre vinculados con fósiles de extraños embriones de dinosaurios hallados en el desierto de Gobi y contrabandeados a occidente.

Pero lo normal es muy diferente. Se encuentran muchos árboles petrificados en la Formación Ituzaingó de la barranca del Paraná (mejor expresado son “madera silicificada”), que son estudiados con microscopio por especialistas, que con ellos reconstruyen los bosques y praderas del pasado. Entre los animales terrestres del Cuaternario (los últimos dos y medio millones de años) sucede que lo que más se preserva son los huesos, principalmente los huesos grandes. Los más chicos han desaparecido por oxidación y disolución; se dice que los más grandes tienen “mayor potencial de preservación”. Y lo que tienen los museos es generalmente una colección de grandes monstruos inquietantes, aunque la realidad fue más parecida a la experiencia actual: mosquitos, calandrias, lauchas, ombúes, palomas, algarrobos, algún zorro, y muy de tanto , en tanto un mastodonte.

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FÓSILES ANTERIORES A LA APAR1CIÓN DEL Río PARA Si retrocedemos en el tiempo hasta épocas muy remotas (por ejemplo hasta la Era de los Dinosaurios) todo nos resultaría irreconocible. El Paraná no existía; ni siquiera el océano Atlántico existía, ya que Sudamérica estaba unida a África. De manera que conviene comenzar este tema desde épocas más cercanas, unos 25 de millones de años atrás, en la época llamada Oligoceno del Terciario inferior. Entonces, el mapa del mundo ya era parecido al actual, los dinosaurios estaban extinguidos y los mamíferos iban dominando la Tierra con un conjunto de especies herbívoras y otro grupo menor de carnívoros que se alimentaba de los herbívoros, tal como sucede hoy en día. Sin embargo, no eran los animales actuales; eran en general más pequeños y menos eficientes. El mayor que se ha encontrado de esa época es el Scarrittia, del tamaño de una vaca y cuerpo similar al de un rinoceronte pequeño sin cuernos, con dientes puntiagudos y pezuñas. Vivía otro cuadrúpedo parecido, más pequeño y con garras en lugar de pezuñas. Ambos se alimentaban de pasto en un clima similar al actual. De todas maneras, los animales dominantes en aquella época por estos parajes eran las aves. Sobresale una gigantesca ave no voladora de más de dos metros de altura, con un pico del doble de tamaño que una cabeza humana, y para colmo carnívora. Se trata de la Devicenzia. También vivía un biguá gigante y otras criaturas extrañas. Es que Sudamérica era por entonces un continente isla, similar a Australia, y sus animales y plantas habían evolucionado aislados del resto del mundo. Varios millones de años más tarde se produjo la unión entre Norte y Sudamérica, debido al crecimiento de un arco volcánico, que finalmente se cerró en Panamá. Ocurrió entonces el “Gran Intercambio Americano”, un evento de primera magnitud en el que plantas y animales se expandieron hacia uno y otro territorio. Los animales grandes del Norte reemplazaron a la mayor parte de los originales del Sur, mientras que un número menor de los sudamericanos (o “neo tropicales”) se instaló en el otro Hemisferio. Con la vegetación sucedió al revés: el Dominio Neo tropical avanzó más de mil kilómetros, hasta el centro de México. La biogeografía del continente cambió drásticamente en corto tiempo. Veinte millones de años más tarde (cinco millones antes del Presente) el mar entró en el continente y ocupó la llanura argentina y acumuló sedimentos que afloran ahora en el Parque Urquiza de Paraná, y que contienen una rica fauna marina con ostras, almejas y numerosas otras especies de invertebrados. Entre los restos de vertebrados predominan los dientes de tiburón. Es interesante notar que las ostras no necesitan ser fosilizadas para preservarse, pues su gruesa y resistente valva calcárea ya le sirve para ello. 23 FÓSILES POSTERIORES A LA APARICIÓN DEL PARANÁ 4

Si damos un salto imaginario en el tiempo hasta mucho más cerca de hoy, digamos cincuenta mil o treinta mil años atrás, veríamos cosas ya familiares junto con otras exóticas. El río ya estaba corriendo como ahora, desde hacía tres millones de años, con sus mismos bancos de arena y sus islas, y todos los animales comunes ya existían: zorros, comadrejas, patos, surubíes, peludos … junto con un montón de gigantes desaparecidos, que eran los que dominaban entonces. En primer lugar estaba el mastodonte (Stegomastodon platensis), que era una especie de elefante, que se alimentaba de pasto y ramas de árboles. Sus restos son muy numerosos en Entre Ríos; a veces aparecen esqueletos completos, aunque por lo general lo que se encuentra son muelas, huesos del cráneo y defensas (los mal llamados “colmillos”). Se trata de un animal de la llamada “mega fauna pampeana”, pues pesaba más de mil kilos. El mayor de todos fue el megaterio (Megatherium), un perezoso que alcanzaba los tres metros de altura en posición erguida y se alimentaba principalmente de hojas de árboles. En algunas partes de Sudamérica se han encontrado restos momificados, tales como trozos de cuero con pelos y también excrementos. En la costa bonaerense, cerca de Bahía Blanca, aparecen huellas de sus pisadas. Un primo más pequeño, es decir menos enorme, fue el Lestodon, que vivía formando grupos en ríos y arroyos y alimentándose de juncos y camalotes; aparentemente tenía costumbres similares al carpincho. 5

Los gliptodontes (Glyptodon, Panochtus y Doedicurus) fueron gigantescos armadillos similares a los actuales peludos y quirquinchos. Tenían una fuerte coraza dorsal formada por placas óseas, que formaba un verdadero esqueleto externo; también una cola tubular acorazada, en algunos casos rematadas con espinas. Las placas sueltas de la coraza son los fósiles más frecuentes e identificables que aparecen en la provincia de Santa Fe. Es sin dudas el fósil emblemático del Cuaternario de la región pampeana. Entre los carnívoros sobresale el famoso “tigre de dientes de sable” (Smilodon), con un tamaño similar al de los leones actuales. La particularidad más llamativa de este animal eran los dientes caninos superiores enormemente desarrollados, fuertemente comprimidos y sobresaliendo de la boca, que les daba aspecto de sables. Tenían la capacidad de abrir mucho la mandíbula. Lo notable de este caso es que los especialistas que los estudian no se ponen de acuerdo en si este animal era un gran asesino o simplemente un carroñero (que comía animales muertos). Tampoco están de acuerdo en si habitaba preferentemente en selva o en pastizales.    

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Se pueden mencionar también los caballos extinguidos. Son parientes de los rinocerontes y de los tapires, y se adaptaron muy bien a alimentarse con pastos fibrosos. En Sudamérica se detectan dos linajes de caballos que ingresaron cuando se formó América Central y se conectó América del Norte con el sur. Se trata de Hippidion y Equus. Hippidion tenía talla pequeña, con patas más cortas y fuertes que los caballos modernos, y cabeza grande; en general era de estructura pesada. Los Equus se diferenciaban muy poco de los caballos actuales, importados del Viejo Mundo. Por otro lado, los tapires siguen igual que cuándo aparecieron en el Eoceno, hace cincuenta millones de años.

Otro representante conocido de la mega fauna pampeana es la macrauquenia (Macrauchenia), un guanaco gigantesco que pesaba más de una tonelada y que tenía tres dedos en cada pata. Era un ramoneador, es decir que se alimentaba de las hojas de los árboles. También se puede citar al toxodonte (Toxodos platensis), un mamífero de gran tamaño con un peso de dos toneladas. Tenía el aspecto de un hipopótamo, animal del que está emparentado; su mandíbula tenía incisivos grandes, en forma de pala y dirigidos hacia afuera.

Todos estos grandes animales se extinguieron a fines del Pleistoceno, entre quince mil y ocho mil años atrás. En esa época ocurrió un cambio climático importante, que coincidió con la aparición de la especie humana en el continente. Actualmente se desarrolla un interesante debate acerca del motivo de las extinciones. Algunos científicos opinan que se trató de un fenómeno natural, sin relación con el hombre. Otros creen que fueron cazados hasta desaparecer y hay otro grupo que sospecha que el hombre fue portador de microbios y enfermedades mortales para la megafauna, tal vez acarreadas por los perros.

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Las Crecidas (2da. Parte)

En 1963 se terminó de reconstruir la RP Nº 1 con cotas adecuadas a la crecida de 1961 y con defensas laterales en las zonas de bajos naturales. En 1965 se continúa sobre islas la RN 168 hasta el Túnel Subfluvial. La creciente de 1966 culminó en Puerto Santa Fe con una altura de 6,94 m, correspondiéndole un caudal de aproximadamente 42.000 m3/seg. La RP 1 fue sobrepasada por el nivel de las aguas en largos trechos entre las localidades de Saladero Cabal y Helvecia, entre Cayastá y Santa Rosa y cerca de San José del Rincón, produciéndose numerosos cortes. Asimismo, se generó una marcada erosión en la margen izquierda del puente sobre el arroyo Leyes y una profundización general del lecho.

El enorme volumen de agua que pasó al Subsistema Setúbal se encontró con la barrera que le significaba la RN 168, sobrepasándola en algunos tramos y, cuando se temía por la estabilidad del Puente Colgante debido a la fuerte erosión que sufría la pila de la margen izquierda, se decidió la voladura de tramos de la RP 168, para permitir una más fácil evacuación de las aguas.

La Costanera santafesina sufrió también grandes deterioros por el efecto erosivo de la corriente. Los incipientes asentamientos de La Guardia y Alto Verde fueron totalmente inundados.

Entre los años 1976 y 1978 se concretaron la elevación del terraplén de la RN 168 entre Santa Fe y La Guardia, así como la habilitación de nuevos puentes, a mayor cota, pero de luces escasas. En 1977 se produjo un pico de 33.000 m3/seg. También hubo rebasamientos y cortes en la RP 1, aunque de menor magnitud, y la RN 168, que estaba siendo reconstruida a mayor cota entre Santa Fe y La Guardia, también fue afectada. Alto Verde y la Guardia se inundaron en numerosos sectores. Luego de este evento, las defensas de la RP 1 fueron reforzadas a nivel de la crecida de 1966 más una revancha, para que la misma “no volviera a cortarse”.

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La crecida 1982/83 presentó, entre diciembre de 1982 y agosto de 1983, cinco picos sucesivos, con un máximo de 61.100 m3/seg y nivel en Puerto Santa Fe de 7,35 m. Durante ese período, la RP 1 y sus defensas fueron asediadas y se comportaron como dique de contención, embalsando aguas al este de la misma que sólo podían pasar hacia el oeste por los puentes de los arroyos Leyes y Potrero. Con el cuarto pico de crecida se produjo el rebasamiento de la RP 1 en un frente de unos 8 km, anegando unas 180.000 ha (Fig.).

La salida de todo este subsistema se producía por la sección determinada por la RN 168 entre Santa Fe y La Guardia, donde, en un recorrido de aproximadamente 5 km, se disponía sólo de 300 m de puente en la sección de la laguna Setúbal y 340 m distribuidos en 6 puentes aliviadores sobre la planicie de inundación. La diferencia entre los caudales que ingresaban al Subsistema Setúbal y la capacidad de evacuación de la sección Santa Fe – La Guardia dio lugar a un importante efecto de embalse, con desniveles medidos entre aguas arriba y abajo de la RN 168 de hasta 70 cm. Esto produjo mayores niveles de inundación aguas arriba y un aumento de las velocidades de paso, cuyos principales efectos fueron:

Una gran concentración de flujo en la sección del Puente Colgante, favorecida por los rellenamientos en la zona de El Pozo. Esto dio lugar a velocidades altamente erosivas que destruyeron la Costanera santafesina y deterioraron la sección del Puente Colgante, cuya área de escurrimiento total aumentó casi en un 40 %, hasta producir su derrumbe.

En el tramo de los puentes aliviadores, la zona de mayor solicitación correspondió a los puentes 4, 5 Y 6. Las velocidades medias en la sección pasaron, de 0,8 al m/seg en el pico de la primera onda, a 2,5-2,6 m/seg en las últimas ondas, con velocidad ” des puntuales superiores a los 3 m/seg, Esto, juntamente con las corrientes laterales de gran magnitud, dio lugar a procesos erosivos incontrolables que triplicaron y quintuplicaron las secciones de escurrimiento hasta provocar la caída de los puentes 4 y 6, cortando la comunicación con la Mesopotamia. Con la caída de estos puentes, se destruyó también la cañería de provisión de agua a la planta de tratamiento de Santa Fe y, parcialmente, el conducto de la cloaca máxima ..

Las defensas del barrio de viviendas del Fonavi y La Guardia fueron superadas y estas últimas, totalmente inundadas.

En la zona de Alto Verde las defensas fueron superadas y se produjeron grandes cortes en sentido de la corriente NE-SO, que sólo dejaron emergentes algunas partes aisladas más altas.

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Ruta Nacional 168 durante la crecida de 1983, puentes aliviadores 4 y 6 destruidos y la Guardia inundada

 

LUEGO DE LA CRECIDA CATASTRÓFICA DE 1982/83:

La RP 1 fue reparada y repavimentada, reforzándose las zonas más afectadas. Los arroyos Santa Rita, Leyes y Potreros siguieron presentando paulatinos problemas de socavación en pilas y estribos al concentrarse en los mismos las posibilidades de paso de las crecidas hacia el oeste.

En la RN 168 se construyeron tres nuevos puentes aliviadores con un total de 750 m de luz. Sin embargo, su eficiencia hidráulica actual es muy baja, al encontrarse en zonas de planicie de inundación y no de cauces, y al no disponer de canales de llamada La zona de rellenos ubicada aguas arriba (barrio de El Pozo, Conicet y Universidad) fue elevada y reforzada, lo que dio lugar a una mayor concentración de flujo hacia la descarga de la laguna Setúbal.

La Costanera santafesina fue rellenada sin considerar protecciones especiales y en la desembocadura de la laguna Setúbal se registraron una profundización así como un incremento del poder erosivo. La pila izquierda del Puente Oroño debió ser fundada a mayor profundidad y se ejecutaron el tratamiento y la protección de la margen derecha.

Los asentamientos suburbanos se extendieron en general, proliferando la construcción de terraplenes de protección de muy dudosas y diferentes condiciones de seguridad.

La cloaca máxima permaneció ubicada aguas abajo de la RN 168.

Se construyó una defensa provisoria en la Guardia Norte, al norte de la RN 168. Bajo estas condiciones, en 1992 se produjo una nueva situación de crecida catastrófica que culminó en Santa Fe con un caudal pico de 54.000 m3/seg y una altura máxima de 7,43 m, nivel superior aún al máximo de 1983, a pesar del menor caudal pico. La menor permanencia de esta crecida en sus valores máximos posibilitó un mayor éxito en la implementación de las medidas de emergencia y lucha contra la inundación. Así fue que la RP 1 fue defendida, impidiéndose su corte físico, aun cuando el tránsito debió ser suspendido por cuestiones de seguridad. Mientras varias de las defensas de.la zona de Alto Verde, La Guardia, Colastiné y Rincón fueron sobrepasadas e inundados numerosos barrios, otras se mantuvieron sólo providencialmente. La Costanera santefesina se vio fuertemente afectada con desmoronamientos y hundimientos que obligaron a la clausura de una de sus manos.

Durante los años 1993 a 1996, mediante el Programa de Rehabilitación para la Emergencia de las Inundaciones (Prei), financiado por el BIRF (Banco Mundial),

se proyectaron y construyeron numerosas defensas contra inundaciones, en el barrio Fonavi de El Pozo, en el Distrito Alto Verde y en La Guardia, además de las ejecutadas a ambos lados de la RP 1, que conforman el anillo de protección para Rincón y Colastiné Norte. Se reconstruyeron el acueducto Colastiné-Santa Fe y la cloaca máxima También, la Costanera santafesina, con sistema mixto de tablestacas y conformación y protección de talud, según sectores.

En 1998 se produjo una crecida cuyo caudal estimado para el pico fue del orden de los 47.000 m3/seg y que alcanzó en el Puerto de Santa Fe una altura máxima de 7,16 m (cota IGM 15,34), la cual resultó una prueba para las obras ejecutadas y/o en construcción. No se advirtieron afectaciones de importancia en los ‘sitios donde se disponía de obras definitivas y consolidadas, pero nuevamente se vieron perjudicadas las zonas con defensas provisorias y fue muy grave la situación del Puente Leyes, mientras que las defensas provisorias de la RP 1 se mantuvieron, aunque con trechos críticos de alto riesgo de falla.

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Costanera este. Febrero 2010

 

El conjunto de nuevas obras construidas ha fijado otras restricciones y condicionantes para el manejo de las aguas, que pueden resumirse en los siguientes ítems.

En La Guardia, un sector de las defensas perimetrales bordea la salida del aliviador N° 6.

La cloaca máxima ha sido reconstruida a la misma cota, por lo que las posibles obras de canalización deberán respetar la tapada mínima o prever protección adicional.

En Alto Verde, la defensa principal concluida (con cota de coronamiento media de 17,2 m IGM) impide todo paso del escurrimiento hacia aguas abajo hasta el denominado Corte Grande.

En el Corte Grande se ubica un camino de vinculación que salva un trecho de aproximadamente 250 m con una cota media de 12,5 m IGM. Y por encima de él, un puente de tránsito reducido.

Al suroeste del Corte Gran de se encuentra una serie de anillos de defensa a cota 15,5 m IGM separados por 3 “pasos” para el escurrimiento de unos 50 m de ancho cada uno, que actualmente se encuentran a cota media aproximada de 14 m IGM.

Las diferentes obras de defensa que se han realizado confieren un status diferente de las “zonas protegidas”, anteriormente inundables, produciendo la expulsión de los ocupantes ilegales y de menores recursos hacia las áreas circundantes. Se crea indirecta- mente una falsa “sensación de seguridad” hacia las zonas no protegidas por la cercanía a “zonas seguras”, por lo tanto, toda el área seguirá sufriendo la presión constante de ocupación y asentamientos marginales y el desarrollo de actividades de subsistencia (pesca, ladrillerías, criaderos de cerdos, etcétera).

A pesar de no haberse producido luego de 1998 ninguna crecida de importancia manifiesta, la compleja situación de permanentes cambios (naturales y antrópicos) en el sistema en consideración obliga a permanecer alerta y a continuar en el futuro profundas investigaciones y estudios, con el fin de responder a las nuevas incógnitas que se plantean.

VARIACIÓN DE LA IMPORTANCIA DE LA CRECIDA A LO LARGO DE TODO EL RÍO

Una misma creciente puede ser de distinta importancia, según la característica que se analice y según el tramo del río que recorre.

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Si se toma, por ejemplo, la crecida de 1983, que fue la de mayor magnitud de todas las registradas, su importancia varía de acuerdo con la característica analizada, ya que, según el caudal pico, le correspondería una recurrencia del orden de los 68 años, que se aumentaría al triple si se consideraran el volumen y la duración. El orden para el resto de las crecidas se modifica notoriamente según la característica analizada, resultando que a la crecida de 1992, segunda por su caudal máximo de recurrencia de 37 años, sólo le corresponde una recurrencia del orden de los 12 años por su volumen y duración.

Por otra parte, el río Paraná, a través de su dinámica fluvial, erosiona y sedimenta permanentemente dentro de su valle aluvial, modificando así la forma de su sección, y varía también su rugosidad por evolución y cambio de vegetación y de formas emergentes.

De tal forma, la curva de gasto que trata de vincular el caudal escurrido con el nivel que se produce en la sección, además de ser no lineal, es variable temporalmente, por lo cual no siempre coinciden los mayores valores de una crecida de nivel y caudal para distintas localidades del recorrido del río.

Es también conocido que el nivel alcanzado en una sección debido a un determinado caudal es permanentemente afectado por otros fenómenos, tales como lluvia local y viento. Su influencia debe analizarse para cada sección o tramo del río.

Si se observan en la figura los niveles máximos registrados en el Puerto de Santa Fe, se observa que el máximo alcanzado en 1992 (7,43 m) es levemente mayor al de 1983 (7,35 m), pese a que el caudal de la crecida de 1983 fue significativamente superior al de 1998. Esto se debió a que el pico de crecida de julio de 1983 se produjo luego de 8 meses de situación de aguas muy altas, que habían provocado una disminución de la rugosidad del valle de inundación por eliminación de vegetación y suavizado de formas de fondo, mientras que, en 1998, fue de corta duración y muy empuntada, sin dar tiempo al valle de inundación a amoldarse a caudales elevados y oponiendo, por lo tanto, mayor resistencia al escurrimiento, lo cual se traduce en mayor sobreelevación del tirante de agua.

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La costanera santafesina durante la crecida de la Laguna Setúbal en Marzo de 2010

 

Las Crecidas (1ra parte)

Como se expresara en el número anterior, las crecidas del río Paraná que se registran en su tramo medio e inferior, aguas abajo de la localidad de Corrientes, se originan principalmente por los aportes que se producen aguas arriba, donde la diversidad de características fisiográficas, hidrometeorológicas e hidrográficas existentes hace conveniente realizar una breve interpretación del funcionamiento de las principales subcuencas a los efectos de obtener una mejor comprensión de los fenómenos hidrológicos involucrados.

La subcuenca del Paraná Superior, donde las áreas de aportes de los ríos Paranaíba, Grande y Paranápanema son las mayores, tiene, hasta recibir los aportes del río Iguazú, una superficie de unos 900.000 km2, y gran influencia en el volumen y la duración de las crecidas. Las precipitaciones se concentran por lo general en el período estival y a principios de otoño, originando las crecidas de los meses de Febrero y Marzo. La subcuenca del río Iguazú, con una superficie de 64.000 km2, presenta características propias muy importantes en el desarrollo de las crecidas, ya que recibe precipitaciones significativas y con distribución prácticamente uniforme a lo largo del año sobre un relieve acentuado. Este hecho provoca crecidas menos voluminosas que las originadas en el Paraná Superior, aunque muy importantes desde el punto de vista de los caudales pico, pudiendo superponerse con otros aportes significativos de la cuenca.

A las subcuencas mencionadas es necesario añadir los aportes de la subcuenca del río Paraguay, que posee un gran tamaño (1.115.000 km2), aunque con características de sus crecidas diferentes de las del río Paraná propiamente dicho. Esto se debe a que en su cuenca alta se encuentra una gran zona deprimida, denominada “El Pantanal”, que actúa como amortiguador natural de los derrames. Las precipitaciones son algo inferiores a las del Paraná Superior, de concentración estival, pero, debido a la acción amortiguadora mencionada, las crecidas presentan retardos y se extienden en el tiempo; o sea, tienen menores caudales pico en un hidrograma aplanado. Los máximos se producen generalmente en invierno.

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Vista aérea desde el puerto, con el Puente Colgante al fondo, durante las inundaciones de 1966.

ORIGEN DE LAS CRECIDAS

El 46 % de los picos que superan los 25.000 m3/seg se ha presentado en los meses de febrero y marzo. Muy similar es también el porcentaje de crecidas que superan los 30.000 m3/seg para este bimestre. En el trimestre mayo-junio-julio ocurre un 23 % de los picos, la mitad de ellos, específicamente en junio. En cuanto a la forma, se producen dos tipos de crecidas que podrían diferenciarse:

a) Aquellas de subida relativamente rápida, empuntadas, generalmente, con un pico importante, y de corta o media duración; aun cuando se hayan presentado picos precedentes.

b) Aquellas de mayor volumen y duración, con subidas más lentas, con uno o más picos importantes que se presentan sucesivamente.

Además, ambas pueden presentarse con el pico máximo en febrero-marzo o en el trimestre mayo-junio-julio, por lo que en muchos casos, es imposible realizar una separación de las mismas.

En relación a las posibles modificaciones que estaría sufriendo el régimen del río, la simple observación cronológica de los caudales máximos anuales registrados en Corrientes entre los años 1904-05 Y 1909-10, muestra una tendencia a la aparición de montos relativamente mayores a partir de los años ’70 hasta fin del siglo, lo que indicaría un aumento de la frecuencia con que determinados valores de crecidas son alcanzados o superados. Luego, se ve que en los últimos 10 años las crecidas estuvieron por debajo de la media, lo que arroja dudas respecto de cuál será la tendencia a futuro.

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POSIBLES CAUSAS

Desde hace bastante tiempo, numerosos trabajos han tratado de explicar la causa de estas variaciones, como por ejemplo, un estudio del Banco Mundial (Anderson et al., 1993), donde se indicaba que, “a partir de la década del ’60, ocurrieron por lo menos tres cambios importantes que podrían haber afectado la hidrometeorología de la cuenca:

Cambios en el uso de la tierra, en especial, la deforestación, que pudieron haber aumentado los niveles de escurrimiento.

Desarrollo hidroeléctrico, principalmente en el Alto Paraná en Brasil, que provocó una mayor regulación y un régimen de caudales bajos más alto.

Las precipitaciones durante la estación húmeda, que han sido más altas por lo menos desde 1960, y nos hacen suponer que los cambios climáticos pueden estar inducidos por el hombre.

También concluye que:

Las variaciones pluviales son las mayores responsables de los cambios en los caudales y en las inundaciones.

Los cambios en la distribución estacional de los caudales también parecen estar relacionados con los producidos en el régimen pluvial, además del impacto del almacenamiento aguas arriba que afecta el régimen de caudales bajos.

que no se encontró ninguna evidencia, ni estadística ni de otro tipo, de que los cambios en el uso de la tierra hayan influido significativamente en el aumento de la incidencia y la severidad de las crecidas.

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Ruta Provincial N° 1, en febrero de 2010.

 

Es importante destacar un elemento referido a las grandes crecidas históricas ocurridas. Se tiene en Corrientes un valor máximo de 60.200 m3/seg en 1983, al cual, en orden de magnitud, le seguiría un valor estimado de 58.000 m3/seg en 1812 luego el valor de 54.000 en 1812; luego el valor de 54.000 m3/seg en 1992, y el de 1998, con un valor de 50.600, similar a los 52.000 m3/seg estimados para 1858, apenas mayores a los valores de 1905 y de 1878. Si bien los valores de vieja data no han sido medidos en forma directa, permiten tener una clara idea de la magnitud de la crecida.

Analizando estos resultados, se debe aclarar que la magnitud de las crecidas registradas en los últimos años no es excepcional, pero sí debe destacarse el aumento en la frecuencia de aparición de los caudales extremos, a partir, aproximadamente, de 1960.

Respecto de las represas para generación hidroeléctrica, a las que ya se hiciera referencia en el fascículo 5, en muchas ocasiones se las ha mencionado como incidiendo en las inundaciones registradas aguas abajo, muchas veces desconociendo su funcionamiento.

Dada la primordial función que en la práctica tales obras tienen (generación hidroeléctrica), existe la tendencia a que los operadores de las mismas pretendan tener las permanentemente “llenas”, evitando en lo posible el derrame por vertedero (lo cual suele verse como pérdida económica). De por sí, la capacidad de almacenamiento del vaso de las mismas es pequeño comparado con el volumen de una crecida y, teniendo en cuenta lo expresado anteriormente, la capacidad de laminación de los picos de crecida ha sido muy baja.

EVENTOS HISTÓRICOS Y SUS IMPACTOS

Uno de los primeros análisis del proceso de crecida del río Paraná data de 1906 y se refiere a la Gran Creciente de 1905, siendo su autor el Ing. Oscar Wahlquist (1906). En el mismo se indica que, en el Alto Paraná superior, la crecida se desarrolló con gran rapidez, descendiendo de la misma forma y resultando más baja que la de 1878 y algo inferior a la de 1891. En el río Paraguay, la creciente superó a las anteriores conocidas y la misma situación se produjo desde Corrientes hacia aguas abajo.

El relevamiento efectuado indicó que 26.760 km2 se habían inundado a lo largo del valle de los ríos Paraguay y Paraná. La tercera parte de la ciudad de Santa Fe estuvo varios días bajo agua, al igual que casi la mitad de la ciudad de Gaya, mientras que Resistencia se salvó por la acción de los habitantes, que construyeron rápidamente terraplenes, lo que evitó el avance de las aguas (se estima que las partes más altas del pueblo se habrían cubierto con 20 cm de agua).

Posteriormente a 1905, las crecidas más importantes comenzaron a manifestarse a partir de la década del año ’60 y de forma más manifiesta, luego de los ’80. En todo este período resulta de interés sintetizar los trabajos de diferentes autores referidos a la evolución de la región cercana a la ciudad de Santa Fe y a los impactos producidos por las distintas crecidas históricas.

La evolución histórica de las obras de infraestructura en la zona que fueron modificando el sistema natural y las sucesivas crecidas que se producían han sido expuestas en los trabajos de Paoli, C. y otros (2000). De los mismos se resumen los hechos más importantes, los cuales se presentan a continuación.

Sobre el medio natural se fue produciendo una progresiva ocupación, con el atractivo especial que presentan las zonas altas del albardón, “buenas tierras y buenas aguas”. El asentamiento de núcleos urbanos se efectuó en los puntos más altos, pero tratando de estar siempre cerca del río. Hacia el oeste, se fue incrementando la actividad ganadera y, posteriormente, la agropecuaria.

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El natural crecimiento de las . poblaciones y de la actividad económica trajo aparejada la impostergable necesidad de su vinculación terrestre (vial y ferroviaria) con los centros más importantes. En el extremo inferior del área considerada, la existencia de las ciudades de Santa Fe y Paraná, capitales de provincias, imponía su vinculación, cruzando el valle de inundación justamente en su tramo más estrecho.

Según lo describe Cabral (1967), hasta el año 1885 el río escurría sin impedimento ni interferencia alguna, utilizando en sus crecidas toda la sección que le resultara necesaria. La comunicación con la Mesopotamia era totalmente por vía fluvial.

En 1886, se tendió la primera línea del ferrocarril desde Santa Fe hasta Colastiné Norte y San José del Rincón. Entre los años 1904 y 1910, se construyó el Puerto de ultramar de Santa Fe con sus dos diques y el canal de acceso, que dejaba por el norte y en zona de islas un terraplén donde, posteriormente, se desarrollaría el asentamiento urbano de Alto Verde.

Durante la gran creciente de 1905, se verificó que el nivel de las aguas llegó a menos de una cuadra de lo que hoyes la arteria principal de la ciudad de Santa Fe. Toda esta zona fue elevada juntamente con la construcción del puerto. En 1924, se construyó el Puente Colgante, en la desembocadura de la laguna Setúbal.

En 1936 finalizaron los trabajos del camino Santa Fe-Colastiné, sobreelevando la cota del terreno natural de las islas (actual trazado de la Ruta Nacional N° 168). En 1942 se construyó el llamado . camino de la costa, Ruta Provincial nº 1 (RP 1), desde La Guardia hacia el NE siguiendo el albardón costero. En el año 1952 se continúa el avance hacia el oeste, con la prolongación de la Ruta Nacional N° 168 (RN 168).

Durante este período de progresiva ocupación del valle aluvial, se produjeron crecidas que, sin llegar a ser excepcionales, mostraron que estas obras interferían el normal escurrimiento de las aguas con las consecuencias que son previsibles. Durante las crecientes de 1959 y 1961 (caudales pico del orden de los 30.000 m3/seg), al encontrar las aguas el incipiente terraplén de la RP 1 primeramente fueron retenidas, impidiendo su paso hacia el oeste. Como es lógico, esto produjo una sobreelevación del nivel hasta vencer la resistencia de los terraplenes, que fueron cortados en varios puntos, en particular y por su magnitud, los de la zona de El Laurel y Vuelta del Dorado.

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Imagen aérea Barrio El Pozo, durante las inundaciones de 1983.